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bibliotecosas: silva bibliotecaria de varia lección

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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004.

02/11/2004

Bibliofilia: pasión y delito

por Catuxa

Dicen los expertos que el coleccionismo se puede considerar como una alteración de la psique en la cual intentamos suplir una falta que tenemos situada en el subconsciente, y para cubrir esta falta se nos da por coleccionar sellos, postales, marcapáginas o libros.

La RAE define:

bibliofilia.
(De biblio- y -filia).
1. f. Pasión por los libros, y especialmente por los raros y curiosos.

Pero si bien es cierto que la bibliofilia es el amor por los libros, no lo es necesariamente por su contenido, lo que provoca una curiosa manera de amarlos. De la colección del libro como objeto, de la pasión por el libro, y de lo que rodea a este afán coleccionista, quiero contaros algunas anécdotas, a las cuales llegué a través de, como no, un libro:

La isla de los mapas perdidos, de Miles Harvey, relata las peripecias del anticuario Gilbert Bland Jr., que dedicó parte de su vida al robo de decenas de valiosos mapas de las más importantes bibliotecas de investigación de Estados Unidos y Cánada, sin importarle para ello, cometer diferentes actos delictivos. Las aventuras del especializado cleptómano, son el leit motiv para iniciar un viaje por la historia de la cartografía. El autor escucha las manifestaciones de ira de los bibliotecarios víctimas de Bland y reconstruye su trayectoria vital, desde sus roces con la ley hasta su traumático servicio militar en Vietnam. Y finalmente, con la ayuda de un agente del FBI, Harvey descubre la isla de los Mapas Perdidos.

Harvey cita en su obra a algunos famosos bibliófilos:

El culto por la adquisición en el Renacimiento tenía también su lado oscuro. El coleccionismo compulsivo podía degenerar a veces en robo, y alguno de los grandes escritores y eruditos de la época sucumbieron aparentemente a este impulso. Se cree que Giovanni Boccaccio, autor del Decamerón y amigo de Petrarca, saqueó una biblioteca monástica en su búsqueda de una pieza sin descubrir de la literatura clásica.


Los ejemplos se suceden, y así nos encontramos con una curiosa manera de disculpar esta clase de robos:

Poggio Bracciolini, uno de los más famosos bibliófilos de su época, justificaba su aparente robo de otra biblioteca monástica afirmando que los libros "no estaban guardados de acuerdo a su valor, sino que yacían en un desván sumamente lúgubre y óscuro [...] un lugar en el que dificilmente habrían sido arrojados los delincuentes condenados" (Citado en John Addington Symonds, Renaissance in Italy: The Revival of Learning, vol.2 Charles Scribner´s Sons, Nueva York, 1907, pág. 99).


Para estos afanados coleccionistas y bibliófilos y para todo aquel que tenga tentación de salvar del olvido o de un lúgubre rincón a los libros, en la biblioteca del monasterio de San Pedro de Barcelona hay una inscripción que dice:

"A aquél que robe, o se lleve en préstamo y no devuelva, un libro de su propietario, que se convierta en una serpiente en su mano y le desgarre. Que le aqueje la parálisis, y todos sus miembros se malogren. Que languidezca con dolor pidiendo a voz de cuello misericordia, y que no cese su agonía hasta que cante en disolución. Que los ratones de biblioteca roan sus entrañas como prueba del gusano que no muere. Y cuando por fin acuda a su castigo final, que las llamas del infierno lo consuman para siempre".


Como en toda pasión: ¡Cuidado con lo que amáis, y sobre todo, cuidado cómo lo amáis!

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HARVEY, Miles. La isla de los Mapas Perdidos. Madrid: Editorial Debate, 2001. ISBN: 8483064081

03/11/2004

...en donde Perec sufre de vértigos decimales...

Las clasificaciones

Hay un vértigo taxonómico. Yo lo siento cada vez que mis ojos ven un índice de la Clasificación Decimal Universal (C. D. U.). No sé por qué sucesión de milagros hemos llegado, en casi todo el mundo, a convenir que:
668.184.2.099
designaría el acabado del jabón de tocador y
629.1.018-465
las alarmas para vehículos sanitarios, mientras que:
621.3.027.23
621.436:382
616.24-002.5-084
796.54
913.15
designan respectivamente las tensiones que no sobrepasan los 50 voltios, el comercio exterior de los motores Diesel, la profilaxis de la tuberculosis, el camping y la geografía antigua de la China y del Japón.


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PEREC, Georges. Pensar/Clasificar. Barcelona: Gedisa, 1986. 128 p. ISBN: 84-7432-255-3

...en donde se narran las andanzas y desandanzas de una cita de T. S. Eliot...

Etapas de un proceso de banalización:

Paso 1: los dos versos de marras (vid. Infra) se convierten en lugar común entre ponentes, articulistas y conferenciantes sobre gestión de la información, del conocimiento y temas afines.

Paso 2: citada muchas veces de memoria, nuestra cita se va “acomodando” al sentido que cada postulante quiere darle. Alguien descubre que con mudar un par de signos de puntuación, el sentido se modifica sustancialmente, ajustándose mucho mejor a su intención: es así como, por arte de birlibirloque, los versos
“Where is the wisdom we have lost in knowledge?
Where is the knowledge we have lost in information?”

quedan mistificados como
“Where is the wisdom? - Lost in knowledge
Where is the knowledge? - Lost in information”

desde luego de estilo más sentencioso y “publicitario”, un slogan, vamos, y como tal se emplea en un cartel que anuncia la creación de un nuevo Centro de Información.

Paso 3: un ingenio anónimo, concluyendo con razón que a este silogismo le falta un término, añade un colofón a modo de graffiti al cartel:
“Where is the information? – Lost in the library!”

Paso 4: esta divertida y subvertida versión, que para cualquier bibliobitacorista posee un evidente valor añadido, es la que recoge con acierto Catuxa como frase de la semana. Y parece que está empezando a difundirse, pero errando la atribución (más bien ignorando la cuando menos curiosa transmisión textual/hipertextual).

Paso... de que haya más pasos. En fin, que aquí va nuestra enmienda: el incipit del poema “La roca” (1934) de T. S. Eliot en su versión original y con su traducción castellana a cargo de un bibliotecario (ah, justicia poética :O))

Opening Stanza of T. S. Eliot's Choruses from the Rock

The Eagle soars in the summit of Heaven,
The Hunter with his dogs pursues his circuit.
O perpetual revolution of configured stars,
O perpetual recurrence of determined seasons,
O world of spring and autumn, birth and dying
The endless cycle of idea and action,
Endless invention, endless experiment,
Brings knowledge of motion, but not of stillness;
Knowledge of speech, but not of silence;
Knowledge of words, and ignorance of the Word.
All our knowledge brings us nearer to our ignorance,
All our ignorance brings us nearer to death,
But nearness to death no nearer to GOD.
Where is the Life we have lost in living?
Where is the wisdom we have lost in knowledge?
Where is the knowledge we have lost in information?
The cycles of Heaven in twenty centuries
Bring us farther from GOD and nearer to the Dust.


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Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
el cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
conocimiento del habla, pero no del silencio;
conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca nuestra ignorancia,
toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
pero la cercanía a la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.


T. S. Eliot (1934)
Traducción de Jorge Luis Borges (1937)

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mmm... ¿paso 5?

06/11/2004

...en donde se descubre que el tema de los libros que nos acompañan a una isla desierta es bien antiguo...

...En su bondad, sabiendo
cuánto amaba yo mis libros, me surtió
de volúmenes de mi propia biblioteca
que yo estimaba en más que mi ducado.
...


William Shakespeare. La tempestad
06/11/2004 03:39 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

...para quitar el hipo...

...
- ¿Ustedes venden libros de Sócofles?
- ¿Cuál quiere?
- El hipo rey
...


YÁNOVER, Héctor. El regreso del Librero Establecido. Madrid: Taller de Mario Muchnik, 2003. ISBN: 84-95303-39-6. 191 p.
06/11/2004 06:32 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en el humor No hay comentarios. Comentar.

07/11/2004

...en donde se percibe "el añejo tufo de los libros"...

CARTA A UNA LIBRERÍA DE VIEJO

Desde los anaqueles silenciosos
y las mesas contritas de carcoma,
surge el añejo tufo de los libros.
Dormida mariposa

desahucia entre unos versos de Musset
la tisis del amor. Otras evocan
algún recuerdo familiar,
la tibia lumbre y la gatuna alfombra.

Quién que no es modera la impudicia
y en consentida ronda
desaliña los tomos con novelas
o versos de antológica prosodia.

El ojo visitante,
entre polvillo y carraspeo, boga
en cajoneras. Remos son las manos
en mares de tratados y de notas.

Con un fingido afecto que enternece,
ajenos a antinomias,
intercambian librero y erudito
vetustos manuscritos que valoran.

Lo que duele como un estiletazo
es descubrir esa dedicatoria,
en la primera página,
de puño y letra del autor, la loa

a la amistad franca y sencilla
que, irrespetuoso, el heredero viola
y olvida entre digestos y revistas
o vende cual bicoca.

Me gusta releerte palmo a palmo,
inventarme en un párrafo, una estrofa,
conversar con las artes
y las letras, metido en tu mazmorra.

Librería de viejo: las señales
del hombre con su forja.
Los pasos demorados y la pausa.
¿No mereces, amiga, ni una copla?


Luis Ricardo Furlan. Mundo de papel y tinta (poemas)

...de los bibliotecarios...

DE LOS BIBLIOTECARIOS

Se trata de una misión nada fácil:
han nacido para explorar los anaqueles de cenizas y montañas de palabras
estallan entre infolios en las zonas más hondas de sus catálogos
Cada hombre, dicen ellos, tiene sus paraísos en estas historias
Consagradas al olvido del diluvio y ven caer la penumbra
desde las altas mariposas de la tarde
Eligen otras materias que clasifican sus memorias y ven la mente del hombre
de las cavernas y la mente del hombre de Dresde, de Xólotl,
y la mente de los hombres de la Catedral Sumergida y la mente
de los hombres de la bomba atómica, el hongo y el Cangrejo y Dallas
en un solo catálogo manifiesto
Las letras entonces comienzan a danzar ante sus ojos y la
imaginación
se agranda hasta el infinito círculo de los planetas para destruir
el sueño de las computadoras tristes
Ahora verán lo que pasa:
una misión nada fácil nace de sus dedos de exploradores
los infolios estallan en las zonas de cenizas y recogen
palabras como mariposas secas en la honda fronda de sus anaqueles
Cada paraíso, dicen, tiene sus bibliotecarios consagrados al olvido
de la penumbra y las materias de arroz pulimentado se consagran
al catálogo de las clasificaciones y recorren la mente del hombre
en submarinos, en bombas atómicas, en tortugas planetarias,
en velocípedos, en canoas indígenas, cuando los códigos lunares
destruyen los sueños de las bibliotecarias solteras
y la imaginación se agranda hasta París, en la danza
que las letras tejen entre sus ocios.

Alfredo Veiravé

...Salvador Novo ante una biblioteca...

BIBLIOTECA

Estos hombres, ¿pusieron lo mejor de sí mismos
en el papel?
Envueltos en silencio; alejados del mundo,
incapaces de hacerlo con azada ni espada,
empuñaron la pluma.
Era su forma resignada
de llenar el minuto vacío de sus vidas;
de sangrar las palabras atadas en su lengua;
de mirarse sin asco en el espejo
que su tinta opacaba;
desesperado intento de perdurar, clavados
cadáveres de insectos;
de no sentirse inútiles ni solos
una tarde, una noche, una hora como ésta;
de aguardar, de entregarse, de florecer sin fruto;
de confiar el fracaso de su muerte
al azar de otra vida
que en soledad, tendiera ¡alguna vez!
las manos y los ojos
a sorber su veneno y a entregarles el suyo.


Salvador Novo
07/11/2004 10:16 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

09/11/2004

cortázar, el hombre irrazonable y los libros que matan...

Posteado originalmente en la excitante miscelánea El hombre irrazonable.

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En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

[...]

Julio Cortázar. Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo

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11/11/2004

...un lepisma glotón...

lepisma.gifUn clásico entre los problemas de ingenio. La formulación que recojo, ligeramente retocada ad hoc, procede de los feraces archivos de la veterana lista de correo Snark y reza:

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En la biblioteca del Excmo. e Iltmo. Colegio de Bibliobitacoristas hay una enciclopedia de 12 tomos ubicada en un estante.
Un lepisma[1] esta en la tapa del tomo 1, y tiene que ir a la contratapa del tomo 12. Si cada libro tiene 200 hojas, la pregunta es: ¿cuántas hojas tiene que atravesar el lepisma para ir en línea recta desde su punto de partida hasta su destino?


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1. Vid. descripción del bichillo en los comentarios; gracias Jaime :O)

12/11/2004

...habitan en lo postrado y esperan el olvido...

lepisma2.gifImpagable aportación de Jaime (y no es la primera) sobre la criaturilla libresca que amenaza con convertirse en nuestra mascota: gracias1000

[...]
Todos los años se dedicaba en mi casa un tiempo a la limpieza de la biblioteca. Era una sana costumbre. Al desempolvar carpetas viejas y libros dormidos, alguna vez alguien dejó caer un grueso volumen con repugnancia. Yo me acerqué a recogerlo, sin perder tiempo, para que nadie adivinara que su contenido me pertenecía y, al abrirlo, vi circular en su interior unas escamas plateadas. "Es un lepisma", dijo mi padre. Y así supe que existían esos insectos livianos, cuyo tamaño oscila en relación a su edad y a su alimento: hojas de papel. Habitan en lo postrado y esperan el olvido de quien fue su dueño para carcomer la letra hasta horadarla, como la polilla entre el tejido vegetal. Era la primera vez que escuchaba su nombre, y sentí una recóndita, inconfesable admiración hacia quien me la enseñaba.
[...]

CERVERA SALINAS, Vicente. Lepismas. Tonos: revista electrónica de estudios filológicos [en línea]. Noviembre 2002, nº 4. http://www.um.es/tonosdigital/znum4/tintero/lepismas.htm"
12/11/2004 12:17 Enlace permanente. Tema: curiosa bibliothecaria No hay comentarios. Comentar.

13/11/2004

...de bibliotecas es el coco andante...

Hoy toca soneto (a mí me gustan, a BiDo le gustan... así que seguimos haciendo acopio): otro recalcitrante de Estébanez a Gallardo (esto ya va a ser inquina). Un Adolfo de Castro lo insertó como propio en un folleto burlesco, pretendida biografía de Bartolomé José Gallardo, pero Alborg no duda en la atribución a Estébanez Calderón. De Alborg lo recoge también Francisco Mendoza Díaz-Maroto en su La pasión por los libros: un acercamiento a la bibliofilia.

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Traga-infolios, engulle-librerías,
desvalija-papelas, mariscante,
pescador, ratonzuelo, mareante,
Barbarroja y Dragut de nuestros días.

Más vejete que el viejo Matatías
murcia-murciando va mundo adelante,
de bibliotecas es el coco andante,
capeador, incansable en correrías.

Harto de hormiguear a troche y moche
y de hundir lo que birla desde mozo
en su cueva, insondable cual abismo,

En sueños se levanta a media noche,
coge sus libros y los echa al pozo,
y por garfiar, garfiña hasta a sí mismo.


Serafín Estébanez Calderón

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ALBORG, J. L. El romanticismo. Historia de la literatura española. Madrid: Gredos, 1980. ISBN: 84-249-3146-7. 934 p.

14/11/2004

...una fanfarria por los bibliotecarios...

Un poema de encargo, a cargo del poeta local Edwin Morgan, para ser leído en la sesión de apertura del sexagésimo octavo congreso de la IFLA (Glasgow, 2002). Como no hemos sido capaces de hallar traducción española, aportamos una propia, de seguro pedestre y cuajada de errores (se agradecerán enmiendas -incluimos el poema original-). Podéis rastrear también notas aclaratorias a los versos.

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LA BIENVENIDA

Una fanfarria por los bibliotecarios, en verso-
Sin notas sin valor, ya florida o escueta-
Es lo que el poeta se compromete a entregar,
El alistador-de-palabras, el dador-de-ritmos.
Los libros han venido, se han marchado y han vuelto de nuevo,
Aunque algunos se escriban con una pluma virtual.
Conservad vuestros elzeviros, pero anotad también los títulos del catálogo de Pantagruel:
La gaita de los prelados, El padrenuestro del simio,
O cualquier otro monstruo de la lista.
Borges concibió la gran formación estrellada,
El universo, que no es sino una biblioteca.
Reunid y dominad sus infolios infinitos
Y podréis pensar que conocéis lo que nadie más conoce.
Lo queremos todo; el universo mismo
Se expande, ¡estanterías más allá de las estanterías que borbotean en el Hubble!
Estrellas que revientan -de información- -de acceso- al alcance de la mano
Estamos en el límite mismo de una estación espacial
En la que la ignorancia no es dichosa, sino drástica,
En la que las curvas de aprendizaje aprenderán a ser elásticas,
En la que debemos buscar, encontrar y utilizar las cosas
Que nuestro motor de búsqueda -¡Oh, tened paciencia!- nos trae.
Digitalizad un Libro de horas iluminado,
No es lo mismo, pero ahí esta, es nuestro,
Y los tiempos muertos hace tanto reviven y nos observan
Mientras interrogamos sus cálculos.
Páginas, cintas, discos o medios desconocidos
Reposan en espera por doquiera una luz se arroje,
Para extender esa luz y que así todos vean
E ingresen paso a paso en la inmensidad.

En Glasgow, Londres, Europa, en todas partes-
Las palabras del poeta pueden desvanecerse en el aire
Pero son palabras de bienvenida. Que vuestros congresos
Florezcan reforzados con los saludos del bueno y viejo Mungo.
Quizá os escucha, mientras ronca a orillas del Clyde,
Con el árbol, el pájaro, el pez y la campana a su lado.
Bueno, podéis hallar su historia en un libro,
En una biblioteca, si sabéis dónde mirar.
De la celda de Mungo al ciberespacio, la realidad
Es un tango de hipertextualidad.
Que tengáis un hermoso baile esta semana, que liberéis
Vuestros tesoros-de-palabras, que traigáis vuestros corazones y vuestro surtido
De todo lo que una biblioteca es capaz de obrar.


Edwin Morgan (trad. provisional de Bibliotecosas)

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THE WELCOME

A fanfare for librarians, in verse -
With no bum notes, whether florid or terse -
That's what the poet engages to deliver,
The word-enroller and the rhythm-giver.
Books have come and gone and come again,
Though some are written by a virtual pen.
Guard your Elzevirs, but also log Titles from Pantagruel's catalogue:
The Bagpipe of the Prelates, The Ape's Paternoster,
Or any other monster from the roster.
Borges thought the great starry array,
The universe, was but a library.
Muster and master its infinite folios
And you could think you knew what no one knows.
We want it all; the universe itself
Expands, shelf beyond Hubble-bubbling shelf!
Starbursts of outreach - access - information -
We're on the very edge of a space station
Where ignorance will not be bliss but drastic,
Where learning curves must learn to be elastic,
Where we must search, and find, and use the things
That our search engine - oh, be patient! - brings.
Digitize a gilded Book of Hours,
It's not the same, but there it is, it's ours,
And long dead times revive and look at us
As we interrogate their calculus.
Page or tape or disk or means unknown
Lie in wait wherever light is thrown,
To spread that light for everyone to see
And step by step enter immensity.

Glasgow, London, Europe, everywhere -
The poet's words may vanish into air
But they are words of welcome. May your meetings
Flourish braced by good old Mungo's greetings.
Perhaps he hears you, snoring by the Clyde,
With tree and bird, fish and bell at his side.
Well, you may find his story in a book,
In a library, if you know where to look.
From Mungo's cell to cyberspace, reality
Is a tango of intertextuality.
Have a fine dance with it this week, unlock
Your word-hoards, take heart and take stock
Of everything a library can do


Edwin Morgan
14/11/2004 20:30 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

17/11/2004

...en donde imploro que se me deslicen las menos posibles...

Uno sin improperios pero en alejandrinos ;O)

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LA ERRATA

Es un duende maligno y solapado. Salta
en medio de las frases que el ingenio combina
y con una terrible voluntad asesina
hunde en plena belleza el puñal de una falta.

La construcción magnífica del pensador asalta.
Al globo del estilo clava traidora espina.
Y en el concierto mágico del verbo desafina
emitiendo una nota pertubadora y alta.

Es incansable artífice a golpes de martillo
y de cincel ilustra su castillo encantado,
y él de un papirotazo desbarata el castillo.

En el cáliz del numen su ponzoña deslíe,
y en el templo de Apolo, tras el dios colocado,
con una mueca infame, grotescamente, ríe.


Emilio Frugoni

19/11/2004

...en donde se demuestra que en la Venecia de 1499, eran posibles según qué cosas...

Leo en bibliobitácoras diversas algunas frases y citas de la reciente novela El enigma del cuatro, que confieso no he leído, pero cuya intriga al parecer gira sobre la singular extravagancia (albo corvo rarior, dijo Nodier de este libro) impresa por el príncipe de los impresores en la ciudad de los canales viendo morir el siglo XV: la hipnerotomachia poliphili. Otro día si hay interés podemos hablar largo y tendido sobre esta obra insigne; de momento decir, para los interesados, que pueden encontrar un ejemplar digitalizado en la web de la Universidad de Sevilla. Y, por lo que he podido comprobar, parece un ejemplar completo, pues no le falta la célebre plana mutilada en tantos otros por razones que comprenderéis al observarla aquí abajito ;O)

19/11/2004 20:09 Enlace permanente. Tema: curiosa bibliothecaria No hay comentarios. Comentar.

...en donde el libro y el bibliotecario dirimen cierta cuestión...

"Apuntes" es la tertulia (en forma de lista de correo) del Departamento de español urgente de la Agencia EFE; de su página web, entre tantas otras, hemos extraído esta perla con sorna que engarza perfectamente aquí en basilisco bote y que confío hará las delicias al menos de alguno :O). Que ustedes lo pasen bien.

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Diálogo entre el libro y el bibliotecario, con permiso de Cervantes, Babieca y Rocinante

B. ¿Cómo estáis, caro libro, con congoja?
L. Porque siempre se exprime y no se añade.
B. Pues, ¿qué es del director, que era cofrade?
L. No escribe el director ya ni una hoja.
B. Andá, señor, que estáis muy mal criado,
vuestra lengua de libro al amo ultraja.
L. Libro se es de la cuna a la mortaja.
Ved como copia libros abnegado.
B. ¿Es expolio copiar? L. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis. L. Es que yo leo.
B. Quejaos del ordenata. L. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar de su decencia,
si el que roba es el jefe y es su empleo
intertextualizar, y es un golfante?

Antonio Calvo Roy

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¿alguien no lo ha pillado? :OD

21/11/2004

...de inutilibus libris...

Esta xilografía gótica de seguro es conocida de muchos. Se la suele mentar como "El loco bibliómano", aunque el texto que la acompaña en la edición príncipe, incunable por demás (Basilea, 1498), es "inutilitas librorum". El loco bibliómano es uno de los 110 variopintos chiflados que viajan en La nave de los locos (Stultifera navis) de Sebastian Brandt. No comento más, que aburro a las ovejas: tenéis una web con reproducciones de todos los grabados originales (de donde he tomado ésta), o, aún mejor, una edición facsímil en línea a cargo de la Biblioteca virtual Joan Lluís Vives.


Ojito a las Ray-ban de la época :O)

24/11/2004

La novela de un exlibris (I)

Nos hacía graaaaande ilusión publicar nuestro propio post por entregas, como cualquier bitacorista que se precie, así que emprendemos desde hoy la recuperación de un textito extravagante: La novela de un exlibris (no se me asuste el amable lector, que la novela se queda en relatín), de Carlos Boselli, publicada originalmente en la Revista ibérica de exlibris, en fecha tan lejana -un siglo ha- como 1904. Y lo publicaremos por entregas, como cumple a su condición de folletín libroso.

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LA NOVELA DE UN EXLIBRIS

Pido venia al lector para servirle, con el título de novela, una historia verdadera y auténtica, de cuya veracidad puede convencerse consultando los documentos que encierra un austero palacio de la ciudad de M...
En estos tiempos caracterizados por la ardiente rebusca de la originalidad, mientras muchos se afanan, siguiendo trillada senda, en sacarla del libro ajeno, destilándola y alambicándola con sutil arte, yo espero poder conseguirla bebiendo en la sencilla fuente de lo verdadero porque no me siento con fuerzas para alcanzarla de otro modo. ¿No es cierto que las singulares concepciones imaginativas de novelistas y poetas son siempre sobrepujadas por las inverosímiles creaciones de la vida de todos los días? Y la mía es historia reciente: hace pocos meses, los periódicos de M... publicaron su epílogo, encerrado en cuatro frías líneas de un suelto de gacetilla.

Después de algunos años de ausencia, volvía en ferrocarril a mi ciudad natal una noche del pasado otoño, cuando, dos o tres estaciones antes de apearme, subió y se acomodó en mi departamento un caballero de atractivo aspecto, grave y distinguido, cuyo único equipaje era un gran paquete de libros.
No me parecieron desconocidas sus facciones y, mientras le estaba observando con disimulo haciendo al mismo tiempo memoria, me pareció que también él me dirigía frecuentes miradas interrogativas.
Poco tardé en reconocerle como antiguo compañero de colegio, uno de los más inteligentes y estudiosos, y su encuentro casual en aquella ocasión me pareció de buen agüero.
Contentos ambos de volvernos a ver, nos dolimos de que fuese tan corto el trayecto que teníamos que hacer juntos, y de que nos tuviésemos que separar al llegar a M..., ya que mi familia me aguardaba en la estación después de largos años de ausencia.
Antes de separarnos nos despedimos, cambiando la tarjeta de visita y la promesa de un próximo encuentro.
Pocos días después, sintiendo deseos de pasar algunas horas con mi antiguo condiscípulo, busqué su tarjeta, que me había metido en el bolsillo sin ni siquiera leerla. Decía: "Roberto Garrama, Bibliotecario del Círculo Filológico de M..., Calle de Roma, 3". Viendo que aún no habían dado las diez, supuse que podría encontrarle en pleno ejercicio de su cargo. Me presenté, pues, en el Círculo y allí le encontré, hojeando un gran incunable.
Me acogió afablemente, demostrando gran placer al poder pasar conmigo la noche; y quiso acompañarme al Gambrinus, en donde, entre bock y bock y a los dulces acordes de la orquesta de las damas vienesas, nos contamos algo de nuestra vida, evocando, de paso, recuerdo sobre recuerdo de la hermosa infancia y de la primera juventud.

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Continuará...
24/11/2004 10:12 Enlace permanente. Tema: curiosa bibliothecaria No hay comentarios. Comentar.

25/11/2004

...bibliófagos más allá del lepisma...

En la edición de la obra completa de Canetti a cargo de Juan José del Solar, el volumen que recoge la novela Auto de fe (lectura bibliotecosa obligatoria) se completa con una curiosidad: El testigo de oído: cincuenta caracteres, una obra en la tradición de los caracteres de Teofrasto o de La Bruyère, aunque también con un algo de Bestiario. Entre estos retratos morales figura el del bibliófago, del que damos cuenta a continuación.

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EL BIBLIÓFAGO

El Bibliófago lee todos los libros sin distinción, siempre que sean difíciles. Los que se comentan no lo dejan satisfecho, han de ser raros y olvidados, difíciles de encontrar. A veces se pasa un año buscando un libro porque nadie lo conoce. Cuando al final lo encuentra, lo lee de un tirón, lo entiende, lo memoriza y puede citarlo siempre. A los diecisiete años tenía ya el mismo aspecto que ahora, a los cuarenta y siete. Cuanto más lee, menos se transforma. Todo intento de sorprenderlo con un nombre fracasa, es igualmente versado en cualquier campo. Como siempre hay cosas que ignora, no se ha aburrido nunca. Procura, eso sí, no citar algo que desconozca, no vaya a ser que otro se le adelante en la lectura.

El Bibliófago es como un arcón que nunca se ha abierto para no perder nada. Teme hablar de sus siete doctorados y sólo cita tres; muy fácil le resultaría sacar cada año uno nuevo. Es amable y le gusta hablar; para poder hablar también cede a otros la palabra. Cuando dice: "No lo sé", cabe esperar una conferencia detallada y erudita. Es rápido, porque siempre busca gente nueva que lo escuche. No olvida a nadie que lo haya escuchado, el mundo se compone, para él, de libros y de oyentes. Sabe apreciar debidamente el silencio ajeno, él mismo sólo calla unos instantes antes de iniciar un discurso. En realidad, nadie quiere aprender nada de él, pues sabe muchas otras cosas. Propaga incredulidad, no porque nunca llegue a repetirse, sino porque jamás se repite ante el mismo oyente. Sería entretenido si no abordara siempre algo distinto. Es justo con sus conocimientos, todo cuenta, ¡qué no daríamos por descubrir algo que le importe más que el resto! Pide excusas por el tiempo que, como la gente normal, dedica al sueño.

Con gran expectación y deseando pillarle al fin una patraña vuelve uno a verlo después de varios años. Inútil esperanza: aunque aborde temas totalmente distintos, sigue siendo el mismo hasta la última sílaba. Entretanto, a veces se ha casado o ha vuelto a divorciarse. Sus mujeres desaparecen, siempre han sido un error. Admira a quienes lo animan a superarlos, y en cuanto los supera, da con ellos al traste. Nunca ha ido a una ciudad sin antes leerlo todo sobre ella. Las ciudades se adaptan a sus conocimientos, corroboran lo que ha leído, no parece haber ciudades ilegibles.

Se ríe de lejos cuando se le acerca algún necio. La mujer que quiera ser su esposa deberá escribirle cartas pidiéndole información. Si le escribe con la suficiente frecuencia, él sucumbirá y querrá tener siempre a mano sus preguntas.


CANETTI, Elías. Auto de fe; El testigo de oído: cincuenta caracteres. Madrid: Anaya & Mario Muchnick, 1997. ISBN: 84.7979-404-6. 775 p.

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¿quién no conoce alguno de estos especímenes?

27/11/2004

...en donde presentamos a Candida Höfer y jugamos al cuál es cuál...

Candida Höfer es una artista reputada con una vastísima trayectoria en el mundo de la fotografía. Lleva cerca de 40 años especializada en arquitectura de interiores. Fotografía siempre espacios públicos como museos, palacios, teatros y salas... y, sobre todo, bibliotecas :O)
Retrata siempre las salas vacías (Architecture of Absence se titula de uno de sus libros), sin rastro de presencia humana (se admiten interpretaciones: en cualquier caso el resultado es una imagen extraña, ajena...). Formalmente, sus imágenes son irreprochables: de una claridad compositiva meridiana, límpidas y neutras, cercanas al minimalismo.
Los aficionados a las imágenes de bibliotecas, de seguro habéis contemplado muchas fotos de esta autora, quizá ignorando su condición de fotografía artística, de foto "de autor". Ahí van unas poquillas para vuestro solaz y esparcimiento.











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A todo esto, las imágenes corresponden a las siguientes bibliotecas:

  • Biblioteca Seminario patriarcale. Venezia

  • Biblioteca de la RAE. Madrid

  • Stiftsbibliothek. St. Gallen

  • Biblioteca Angelica. Roma

  • Biblioteca del Palacio Real. Madrid


  • ¿Alguien se anima a postular cuál es cuál? :O)

28/11/2004

La morada del bibliófilo



Vía librarian.net. A Bibliophiles Bedroom es la epatante instalación del colectivo "Building with books" que se exhibe ahora mismo en la Boston Public Library :O)

29/11/2004

La novela de un exlibris (II)

[...]

Hijo de un humilde portero, Roberto, siempre enfermizo, de constitución endeble, pero vigoroso de inteligencia, trabajador y perseverante, había cursado asiduamente conmigo los estudios ordinarios, con laudable provecho. Había conseguido después una colocación de escribiente en las oficinas de un editor famoso, y, viviendo en la librería, había contraído la primera pasión de su vida: los libros. Habiendo mejorado de posición con su empleo de bibliotecario en el Círculo Filológico, conservó su manía por los libros, y, en general, por los estudios; hasta el punto de que por las noches, en su casa, robaba las horas al descanso para tomar los libros y aprender algo. Ni bebía, ni jugaba; no frecuentaba malas compañías; no se le conocían vicios. Sin ganar mucho, era muy ordenado, sabía vivir parcamente y aun ahorrar; así se había podido suscribir a periódicos y revistas, había adquirido toda clase de libros y estudiaba de continuo. Su pasión era tal, que había llegado, en algunas ocasiones, a privarse hasta de lo necesario, con tal de adquirir ciertas obras literarias o científicas; su sed de saber era tan inextinguible como la codicia de la loba de dantesca memoria: de la paleografía había pasado a la arqueología y a las ciencias naturales, enamorándose en último término perdidamente de la psiquiatría y de la sociología. Decía él que tenía el cerebro cuadrado, frío, calculador, de sabio que no ve más allá de sus libros y de su ciencia, y que está dispuesto a sacrificárselo todo.
Su única pena era el precio de los libros: los libros son caros, y, a pesar del ahorro, un empleado a 200 pesetas de sueldo no puede permitirse el lujo de reunir grandes bibliotecas; y no podía menos de consumirse de rabia cada vez que, al pasar por delante de una librería, contemplaba obras científicas de precio inaccesible a sus medios de fortuna.
A medida que mi compañero bibliómano iba confesándome su idea fija, su psicopatía, me entraba una gran curiosidad hacia este tipo inofensivo de mattoide que me recordaba las historias de hombres insignes explicadas en la escuela para estímulo de los muchachos. Sentí la comezón de ver su casa, su biblioteca, y no pude menos de manifestarle mi deseo. Consintió sin gran entusiasmo y poco después tomábamos la calle de Roma, hacia su casa.

La librería de Roberto Garrama, mucho más rica y hermosa de lo que sus palabras me habían permitido suponer, ocupaba todas las paredes alrededor de su escritorio. Encima de cada uno de los cuatro grandes armarios había unos cartelones, con cuya lectura me esparcí no poco: "Un livre est un ami qui ne trompe jamais" el conocido verso de Desbarreaux-Bernard, que el dramaturgo Guilbert hizo estampar en su exlibris; después una sentencia francesa: "Celui-là meurt à bon droit desnonoré qui n'aime pas les livres"; a continuación un proverbio alemán: "Quien presta libros, pierde libros"; por fin, sobre el armario más alto, leí: "No presto libros a nadie", que me recordó la no menos egoísta advertencia de Leclercq a la puerta de su biblioteca: "Tel est le sort fâcheux de tout livre prêté, -Souvent il est perdu, toujours il est gâté". -Admiro,(dije en broma a mi compañero), tu gran franqueza. Puedes estar seguro de que no te pediré nunca ningún libro. -Mira, he imaginado estas inscripciones porque la experiencia me ha convencido de que el humorista inglés Carlos Lamb tenía mil veces razón cuando decía: De los que te piden libros prestados, algunos los leen con todo aprovechamiento, muchos tienen intención de leerlos pero no encuentran nunca ocasión propicia, los más ni leen ni siquiera tienen intención de hacerlo, sino que te piden libros para que les creas estudiosos y sabios. Por esto, culpa de unos y otros, sucede con frecuencia que quien presta libros, pierde libros, según la aforística tudesca.

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Continuará (Dios mediante)...

30/11/2004

la canción del librero Yánover

Donde dice "librero", bien pudiera decir "bibliotecario" (si nunca te has sentido así, dime en qué biblioteca trabajas, privilegiado).

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CANCIÓN DEL LIBRERO

Soy el eslabón entre aquellos que fueron
y estos, que no los recuerdan.
Pretendo ponerlos en antecedentes,
pero no les interesa.
Soy el que trae la memoria,
digo, pero no me oyen.
¿Y qué hago con los recuerdos de aquel mundo,
de esos muertos que son abuelos de estos distraídos?

YÁNOVER, Héctor. El regreso del Librero Establecido. Madrid: Taller de Mario Muchnik, 2003. ISBN: 84-95303-39-6. 191 p.
30/11/2004 12:49 Enlace permanente. Tema: curiosa bibliothecaria No hay comentarios. Comentar.


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