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De los papeles de Julio (II)

Mmm... última oportunidad para don Julio: si bien el relato anterior tuvo un par de comentarios elogiosos, no puede decirse que alcanzara a cosechar una acogida entusiasta; Julito, en realidad te aprecio (tú lo sabes), pero igual deberías tratar de repartir tus esfuerzos en otras bibliobitácoras (a ver si le salen novias, que me monopoliza el blog)...

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De los papeles del archivero de Dorilagua (II)

   Es lo usual que las ediciones modernas de las obras más celebradas de los antiguos incorporen, más cuanto más cuidadas se pretenden, introducciones, prólogos, un sinnúmero de llamadas a pie de página, una biografía del autor, un ensayo histórico sobre la época que enmarcó su trayectoria, etc. 
   Asumimos sin discusión que esta actitud nuestra denota la máxima reverencia hacia el escritor (por mi parte a menudo no puedo evitar imaginarme su airada disensión “si levantara la cabeza”) y su texto; y, sobre todo, damos por bueno que toda esta información obrará a favor de una recta interpretación (¿no estaremos en algunas ocasiones simplemente acatando la del editor?) del escrito. 
  
Elucubrando sobre si todo este conocimiento a priori, añadido a la edición, a veces no, más que desvelar la verdadera intención de la obra, coarta nuestro libre acercamiento a la misma, tropecé por azar de archivero con el manuscrito con cuyo final quisiera culminar el propio. 
   El singular atractivo de este breve fragmento estriba precisamente en nuestra radical ignorancia sobre la identidad de su autor o las circunstancias de su vida y, especialmente, de su muerte. Además, como veremos, debe su encanto a la ausencia de un erudito gramático que hubiera completado y corregido, conjeturando sabiamente, las lagunas y corrupciones del texto cuyo extracto, el final, ofreceré aquí tal como lo hallé:

   "Mi humilde labor de escritor entregado a combatir la superstición que impera en la conciencia de las gentes me ha granjeado múltiples antipatías e incluso el odio de aquellos cuyos zafios trucos he venido revelando, pero ninguno acerbo hasta donde el de Urdiágalo, el más falaz entre los augures que han hecho de la credulidad su negocio. 
   Hace ya veinte años que hice público cómo deslicé, entre las consultas escritas que eran recogidas por sus sirvientes a cambio de dinero, la mía propia, y cuál fue entonces la respuesta de su oráculo. “¿Cuándo se descubrirán las supercherías de Urdiágalo?” fue mi pregunta. Creo recordar que el mensaje que recibí a cambio al día siguiente mencionaba que desconfiara, pues alguien me malquería, las fases de la luna y que vigilara más estrechamente mi salud. 
   La ira que provocó mi treta en Urdiágalo ocasionó nuestro único encuentro hasta hoy. Probablemente aún alguno guarde memoria de cómo me salió al paso en la plaza y del contenido de su original imprecación: Sostuvo entonces el adivino la existencia, para cada escriba, de unas palabras destinadas a ser las últimas que éste trace; las próximas que yo pronunciara, aseguró a gritos, serían aquéllas, las palabras de mi muerte. 
   Por mi parte, sólo di en respuesta un “se equivoca” antes de volver la espalda y abrirme paso entre la multitud cuya atención había reclamado el falso profeta. Aún escuché sin detenerme de voz del susodicho la fecha de mi muerte, premonición lanzada en el cenit de su cólera. 
   Referido lo anterior, nada me complace más que datar mi actual escrito: en breves instantes escucharé las campanas que marcan el final del día prescrito para mi deceso dos décadas atrás. Me alegra pensar que mañana daré a conocer este texto que viene a demostrar que, una vez más como tantas antes, nuestro insigne adivino se equivo"

 

Julio Igualador

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4 comentarios

Iulius -

ale ale, eres libre de marcharte a donde te den más jabón, majo...

julio igualador -

bueno bueno, agradecido quedo a Yavannna y a Ferrán: os comento que estoy estudiando propuestas: Iulius no es mal tipo, pero me da que no cree verdaderamente en mi talento.

Ferran -

Y si en las posadas de la insigne a la par que agraciada Yavannna no cupieren suficientes papeles julianos, sepa vuesa merced que tiene a su disposición lo de Uno que pasaba para dar lustre literario a tan humilde posada.

Excelente relato, Iulius, puedes transmitir mis felicitaciones a Don Julio Igualador. ;)

Yavannna -

más plas, plas para el relato y el auor.

Po rupuesto queda éste invitado a publicar en alguna de mis posadas, sería un vedadero honor.

Maravillosos los papeles del archivero.!!!
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