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Francisco Columna, IX

Lo retomamos donde lo dejó Infoxicación; lo dejaremos donde lo retomará Tekateka...

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-Sí, sí –exclamó exaltada-; Dios no instituyó sacramento más santo e inviolable. Así es como un amor cual el vuestro supo conciliar sus esperanzas y sus deberes en un himeneo del corazón que el resto de los humanos no conocen, y vuestra esposa en el cielo os hablaría como yo os hablé si élla os hubiese oído.
-Élla ha oído, Polia –dijo Francesco, dejando caer su cabeza entre las manos y llorando.
-¿De modo –añadió Polia cual si no hubiese oído las últimas palabras- que dentro de tres días entráis en una de las órdenes religiosas de Venecia?...
-De Treviso –repuso Francesco-. ¡No quise vedarme la dicha de verla aún algunas veces!
-¿De Treviso, Francesco, donde no conocéis a nadie sino a mí?...
-¡A vos!

En aquel momento, la mano de la doncella se enlazó con la del joven pintor.

-No nos habíamos fijado –dijo Polia sonriendo- en que la góndola está ya de vuelta en el palacio. Pero ya nada más tenemos que decirnos en la tierra. Sin embargo, nuestro último adiós es dulce, porque nos hemos comprendido; nuestra próxima entrevista será aún más dulce.
-¡Adiós, hasta nunca! –dijo Francesco.
-¡Adiós, hasta siempre! –contestó Polia, que se colocó de nuevo el antifaz y dejó la góndola.

Al día siguiente Polia estaba en Treviso. A los tres días sonaba en el convento de los Dominicos la campana emblemática que anuncia la profesión de un nuevo religioso y su muerte para el mundo. Polia pasó todo el día en su oratorio.

Francesco se acomodó fácilmente a su nueva vida. A veces consideraba su entrevista con Polia cual un sueño; mas lo frecuente era que recordase hasta el menor detalle con alegría de niño, y llegaba hasta a felicitarse en su desgracia de haber inspirado un amor que no podía temer en lo más mínimo ni las vicisitudes de la edad ni las mudanzas de la fortuna. A poco supo compartir los días entre los deberes religiosos y sus ocupaciones de artista laborioso, unas veces pintando aquellos frescos puros e ingenuos que aún se admiran en el convento de los Dominicos, aunque la orgullosa suficiencia del arte moderno los haya dejado estropear, y otras veces reuniendo en un libro, objeto favorito de sus estudios, todas las impresiones de su genio y, sobre todo, de su amor.

Tomó como cuadro de esta obra vasta y extraña, en la que esperaba revivir por entero, la forma un poco vaga de un sueño, y nada más adecuado, según él, para representar, en su confusión aparente, el encadenamiento fortuito de las ideas de un solitario entregado a sus pensamientos.

Se sabe que en uno de los momentos en que le era permitido cambiar con Polia algunas palabras de ternura, recibió de ésta la seguridad de que aceptaría la dedicatoria del extraño poema, y hasta dicen que élla misma le ayudó con sus consejos. Por esto renunció desde luego a servirse de la lengua vulgar con que le había comenzado (lasciando il principiato stilo) para entregarse a aquella lengua, para lo que no tuvo ni modelo ni imitadores, que surgía al correr de su pluma de doctísimo enamorado de la antigüedad.

Un año llevaba en estos trabajos llenos de ilusión, y acababa de dar la última mano a su libro, cuando por los muros del convento se filtró la nueva que más podía lacerar el corazón de Francesco. El joven Antonio Grimani, más tarde almirante y dux de la República y a la sazón uno de los jóvenes más brillantes de la alta nobleza, la esperanza más alta de Venecia, había pedido la mano de Polia, y se decía que le había sido otorgada.

Aquel mismo día era el señalado para que Francesco entregara el libro a Polia. Se hizo superior al tremendo golpe, marchó al palacio y se detuvo en el dintel de la habitación.

-Venid, hermano –dijo Polia cuando le vio-, venid a comunicarme los secretos maravillosos de vuestro arte, tesoro que la humildad cristiana rehúsa al mundo y del cual nos hacéis confidente.

Al propio tiempo con el gesto ordenó a sus gentes que salieran, y Francesco quedó solo con élla.

Desfallecieron sus piernas, un sudor frío corrió por su frente, latió violento su corazón y su pecho se hinchó cual si fuera a estallar.

Polia levantó los ojos del manuscrito para mirar al fraile. La palidez de Francesco, el cerco amoratado de sus ojos, donde aún había señales de llanto; el temblor convulsivo de sus manos, lívidas y caídas, le dijeron lo que pasaba en el corazón de su amado. Sonrió con orgullo.

-¿Habéis oído hablar de mi cercano matrimonio con el príncipe Antonio Grimani?
-Sí, señora –respondió Francesco.
-¿Y qué habéis pensado, Francesco, de este enlace?...
-Que no hay ningún hombre digno de unirse a vos; pero que el príncipe Antonio es más digno que nadie y que tal enlace parece colmar los anhelos de Venecia y… los vuestros. ¡Que seáis dichosa siempre!
-Esta mañana me negué a casarme –replicó Polia.

Francesco miró a los ojos de Polia como preguntando si su boca había expresado su pensamiento.

-Sabéis bien, como nadie lo sabe –continuó Polia- que mi fe está comprometida y que lo está irrevocablemente; pero debo disculpar vuestras sospechas, porque vuestra fe me está asegurada por el sacramento que os liga al altar y yo no os di una prenda igual. Oíd, Francesco, mañana hace un año que pronunciasteis los primeros votos, y será en la última misa de mañana donde los haréis aun más indisolubles reiterándolos ante Dios. ¿Cambió durante este año vuestro modo de pensar acerca de la necesidad de este sacrificio?
-¡No, Polia, no! –exclamó Francesco, cayendo de rodillas.
-¡Basta! Tampoco cambié yo. Mañana asistiré a la última misa y me asociaré con todas las potencias de mi alma a los votos que vais a reiterar, para que sepáis siempre, Francesco, que entre el corazón de Polia y la inconstancia estarán siempre el perjurio y el sacrilegio.

Quiso contestar Francesco; pero cuando las palabras acudieron a sus labios Polia había desaparecido.
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4 comentarios

Yavannna -

MM hay otra posible candidata pero tengo que hablar con ella :D

Iulius -

ya va, ya va, ya va-nnná :OD

Yavannna -

Bueno y esa parte que me tienes que enviar?

Yavannna -

encantada de continuarla... se está poniendo muyyyy interesante la historia ya :D
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