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bibliotecosas

curiosa bibliothecaria

...en donde imploro que se me deslicen las menos posibles...

Uno sin improperios pero en alejandrinos ;O)

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LA ERRATA

Es un duende maligno y solapado. Salta
en medio de las frases que el ingenio combina
y con una terrible voluntad asesina
hunde en plena belleza el puñal de una falta.

La construcción magnífica del pensador asalta.
Al globo del estilo clava traidora espina.
Y en el concierto mágico del verbo desafina
emitiendo una nota pertubadora y alta.

Es incansable artífice a golpes de martillo
y de cincel ilustra su castillo encantado,
y él de un papirotazo desbarata el castillo.

En el cáliz del numen su ponzoña deslíe,
y en el templo de Apolo, tras el dios colocado,
con una mueca infame, grotescamente, ríe.


Emilio Frugoni
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...habitan en lo postrado y esperan el olvido...

...habitan en lo postrado y esperan el olvido... Impagable aportación de Jaime (y no es la primera) sobre la criaturilla libresca que amenaza con convertirse en nuestra mascota: gracias1000

[...]
Todos los años se dedicaba en mi casa un tiempo a la limpieza de la biblioteca. Era una sana costumbre. Al desempolvar carpetas viejas y libros dormidos, alguna vez alguien dejó caer un grueso volumen con repugnancia. Yo me acerqué a recogerlo, sin perder tiempo, para que nadie adivinara que su contenido me pertenecía y, al abrirlo, vi circular en su interior unas escamas plateadas. "Es un lepisma", dijo mi padre. Y así supe que existían esos insectos livianos, cuyo tamaño oscila en relación a su edad y a su alimento: hojas de papel. Habitan en lo postrado y esperan el olvido de quien fue su dueño para carcomer la letra hasta horadarla, como la polilla entre el tejido vegetal. Era la primera vez que escuchaba su nombre, y sentí una recóndita, inconfesable admiración hacia quien me la enseñaba.
[...]

CERVERA SALINAS, Vicente. Lepismas. Tonos: revista electrónica de estudios filológicos [en línea]. Noviembre 2002, nº 4. http://www.um.es/tonosdigital/znum4/tintero/lepismas.htm"

...un lepisma glotón...

...un lepisma glotón... Un clásico entre los problemas de ingenio. La formulación que recojo, ligeramente retocada ad hoc, procede de los feraces archivos de la veterana lista de correo Snark y reza:

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En la biblioteca del Excmo. e Iltmo. Colegio de Bibliobitacoristas hay una enciclopedia de 12 tomos ubicada en un estante.
Un lepisma[1] esta en la tapa del tomo 1, y tiene que ir a la contratapa del tomo 12. Si cada libro tiene 200 hojas, la pregunta es: ¿cuántas hojas tiene que atravesar el lepisma para ir en línea recta desde su punto de partida hasta su destino?


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1. Vid. descripción del bichillo en los comentarios; gracias Jaime :O)

Bibliofilia: pasión y delito

por Catuxa

Dicen los expertos que el coleccionismo se puede considerar como una alteración de la psique en la cual intentamos suplir una falta que tenemos situada en el subconsciente, y para cubrir esta falta se nos da por coleccionar sellos, postales, marcapáginas o libros.

La RAE define:

bibliofilia.
(De biblio- y -filia).
1. f. Pasión por los libros, y especialmente por los raros y curiosos.

Pero si bien es cierto que la bibliofilia es el amor por los libros, no lo es necesariamente por su contenido, lo que provoca una curiosa manera de amarlos. De la colección del libro como objeto, de la pasión por el libro, y de lo que rodea a este afán coleccionista, quiero contaros algunas anécdotas, a las cuales llegué a través de, como no, un libro:

La isla de los mapas perdidos, de Miles Harvey, relata las peripecias del anticuario Gilbert Bland Jr., que dedicó parte de su vida al robo de decenas de valiosos mapas de las más importantes bibliotecas de investigación de Estados Unidos y Cánada, sin importarle para ello, cometer diferentes actos delictivos. Las aventuras del especializado cleptómano, son el leit motiv para iniciar un viaje por la historia de la cartografía. El autor escucha las manifestaciones de ira de los bibliotecarios víctimas de Bland y reconstruye su trayectoria vital, desde sus roces con la ley hasta su traumático servicio militar en Vietnam. Y finalmente, con la ayuda de un agente del FBI, Harvey descubre la isla de los Mapas Perdidos.

Harvey cita en su obra a algunos famosos bibliófilos:

El culto por la adquisición en el Renacimiento tenía también su lado oscuro. El coleccionismo compulsivo podía degenerar a veces en robo, y alguno de los grandes escritores y eruditos de la época sucumbieron aparentemente a este impulso. Se cree que Giovanni Boccaccio, autor del Decamerón y amigo de Petrarca, saqueó una biblioteca monástica en su búsqueda de una pieza sin descubrir de la literatura clásica.


Los ejemplos se suceden, y así nos encontramos con una curiosa manera de disculpar esta clase de robos:

Poggio Bracciolini, uno de los más famosos bibliófilos de su época, justificaba su aparente robo de otra biblioteca monástica afirmando que los libros "no estaban guardados de acuerdo a su valor, sino que yacían en un desván sumamente lúgubre y óscuro [...] un lugar en el que dificilmente habrían sido arrojados los delincuentes condenados" (Citado en John Addington Symonds, Renaissance in Italy: The Revival of Learning, vol.2 Charles Scribner´s Sons, Nueva York, 1907, pág. 99).


Para estos afanados coleccionistas y bibliófilos y para todo aquel que tenga tentación de salvar del olvido o de un lúgubre rincón a los libros, en la biblioteca del monasterio de San Pedro de Barcelona hay una inscripción que dice:

"A aquél que robe, o se lleve en préstamo y no devuelva, un libro de su propietario, que se convierta en una serpiente en su mano y le desgarre. Que le aqueje la parálisis, y todos sus miembros se malogren. Que languidezca con dolor pidiendo a voz de cuello misericordia, y que no cese su agonía hasta que cante en disolución. Que los ratones de biblioteca roan sus entrañas como prueba del gusano que no muere. Y cuando por fin acuda a su castigo final, que las llamas del infierno lo consuman para siempre".


Como en toda pasión: ¡Cuidado con lo que amáis, y sobre todo, cuidado cómo lo amáis!

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HARVEY, Miles. La isla de los Mapas Perdidos. Madrid: Editorial Debate, 2001. ISBN: 8483064081

en donde la palabra bibliotafio se torna imagen y se aportan un par de buenos enlaces...

Se me viene a las mientes aquello del bibliófilo que se hizo enterrar con su elzeviro favorito, o lo del cementerio de libros de la novela que a estas alturas todo quisque ha debido leer (enlace con dedicatoria: a Yavanna y a Ferrán), o que se trata de la perfecta traducción gráfica de este notable vocablo: bibliotafio...



Lo atisbé vía librarian.net: a library weblog, aunque se posteó originalmente en lemonodor: a mostly Lisp weblog by John Wiseman.
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en donde los bibliotecarios dominan la wikipedia

Confieso que no tenía ni idea de esta simpática novedad; los sysops o administradores del sistema de la Wikipedia ya no son tales: desde el primero de septiembre del año en curso se han arrogado la denominación de bibliotecarios, que fue la que se impuso en democrática votación. :O)

Pueden dejar sus interpretaciones en los comentarios, gracias.

en donde francisco luis bernárdez ensoneta a aldo manuzio...

SONETO A ALDO MANUZIO

Firme en la majestad y en la armonía
De su maravillosa arquitectura,
Cuya seguridad serena y pura
Es más fuerte que el tiempo y su porfía,

Tu casi celestial tipografía
Alza la claridad de su estructura,
Dando cuerpo de paz y de dulzura
Al alma de la eterna poesía.

Y hace que, confundidos y abrazados,
La letra y el espíritu inflamados
Unan su voluntad y su poder,

Para vivir en el espacio frío
Y en el tiempo dramático y sombrío
Con la luz y el calor de un solo ser.


Francisco Luis Bernárdez (1900-1978)

lapidario librario

No me parece que corran buenos tiempos para el epitafio. El epitafio es uno de los géneros poéticos más nobles y de aparición más temprana; enseguida tuvo sus especialistas y más tarde sus antólogos, entre los que podemos contar a Ramón (de nuevo en bibliotecosas y van tres). De un gozoso volumen de Ramón referenciado al final extraigo el epitafio del polifacético Benjamin Franklin (1706-1790), escrito por el propio inventor en 1728. Hay que aclarar que la profesión inicial que ejerció este auténtico "multitarea" fue la de impresor.
Pasen y vean...

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"El cuerpo
de
Benjamin Franklin,
impresor,
parecido a la cubierta de un viejo libro
privado de su contenido
y
despojado de su título
y de su dorado,
descansa aquí, pasto de los gusanos,
pero
no se perderá la obra,
pues (según él mismo creía)
reaparecerá
en una nueva
y más elegante edición
revisada y corregida
por
El Autor"



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GÓMEZ DE LA SERNA, Ramón. Los muertos, las muertas y otras fantasmagorías. Madrid: Espasa-Calpe, 1945. 184 p.

en la ciudad de macbeth devuelven los libros con un pelín de retraso...

Impresionante documento (vía Crime in the library).
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