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bibliotecosas: silva bibliotecaria de varia lección

bibliotecosas

Se muestran los artículos pertenecientes al tema bibliotecas en la literatura.

03/11/2006

Un verso de Ginsberg

[...]
America why are your libraries full of tears?
[...]

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Allen Ginsberg (1926-1997)

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Vía Lautreamont

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26/10/2006

Vida de biblioteca y de tristeza

 

Después de hojear con displicencia

nuevos y numerosos magazines,

algún libro de vieja y docta ciencia

páginas magnas y conceptos ruines,

 

cansado ya de la literatura,

de libros, de periódicos y estantes,

ambiciono la mágica aventura

que en el sendero aguarda a los errantes.

 

Vida de biblioteca y de tristeza,

de ensueños vanos, de esa gran pereza,

gris pajarraco de mirar sombrío,

 

no eres digna de mí, pues mi alma encierra

fuertes anhelos de cruzar la tierra,

y nostalgias insomnes del vacío.

 

Ernesto Albertos Tenorio

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16/09/2006

Donne y la escatología bibliotecaria

John Donne (1572-1631), poeta, prosista y clérigo inglés, es un clásico de la literatura anglosajona bastante mal conocido por aquí. Sin embargo, es probable que muchos de nosotros pudiéramos citar unas líneas, o al menos una frase, de Donne (es más de lo que podríamos citar de tantos otros clásicos canónicos). Se debe al hecho de que Ernest Hemingway sonsacara un párrafo de las Devociones de Donne para encabezar una novela de singular fortuna cuya acción se enmarca en la guerra civil española, y, aún más, extrajera una frase de ese párrafo para darle título: Por quién doblan las campanas (y a la circunstancia de que la novela conociera una apreciable versión cinematográfica). La cita viene a ser más o menos de este tenor:

"Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo. Cada hombre es un fragmento del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, tanto si fuera un promontorio, como si fuera la casa de uno de tus amigos o la tuya propia: la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy unido a toda la humanidad, por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti."

Seguro que muchos la recordabais casi literalmente. Es una reflexión tan noble y expresada en una forma tan hermosa que se hace difícil de olvidar.

Si retrocedemos un par de párrafos en esa misma meditación de Donne, nos encontramos con este otro símil, no menos digno y hermoso y que nos compete mucho más:

..."all mankind is of one author and is one volume; when one man dies, one chapter is not torn out of the book, but translated into a better language; and every chapter must be so translated. God employs several translators; some pieces are translated by age, some by sickness, some by war, some by justice; but God's hand is in every translation, and his hand shall bind up all our scattered leaves again for that library where every book shall lie open to one another."


Que viene a ser algo parecido a esto:

..."toda la humanidad es un único libro de un sólo autor; cuando un hombre muere, no se arranca un capítulo del libro, sino que se traduce a un lenguaje mejor; y todos los capítulos deberán ser traducidos de este modo. Dios emplea varios traductores; unos fragmentos son traducidos por los años, otros por la enfermedad, otros por la guerra, otros por la justicia, pero la mano de Dios está presente en todas las traducciones, y su mano volverá a encuadernar nuestras hojas esparcidas para esa biblioteca en la que todos los libros estarán abiertos los unos para los otros."

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P.S.: cada vez me cuesta más vencer la pereza para actualizar Bibliotecosas... esto no pinta nada bien :O(

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24/07/2006

en mi pobre vida paria una buena biblioteca

Nairobi, 1976. A ritmo de tango, el cronopio universal añoraba en este poema la pequeña biblioteca de su piso del Barrio Rawson. Más detalles, foto de la biblioteca incluida, en esta web.

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RECHIFLAO EN MI TRISTEZA

Te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria
una buena biblioteca.

Te quedaste allá,
en Villa del Parque,
Con Thomas Mann y Roberto Arlt y Dickson Carr,
con casi todas las novelas de Colette,
Rosamond Lehmann, Charles Morgan, Nigel Balchin,
Elías Castelnuovo y la edición
tan perfumada del pequeño
amarillo Larousse Ilustrado,
donde por suerte todavía
no había entrado mi nombre.

También se me quedó un tintero
con un busto de Cómodo,
emperador romano
cuya influencia en las letras
nunca me pareció excesiva.

Julio Cortázar, Nairobi 1976

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03/07/2006

llorar por lo que sucedió hace miles de años

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[...] era inevitable que acabara oyendo o leyendo sobre los tres incendios de la biblioteca de Alejandría; dos accidentales, y el otro intencionado. Tenía nueve años cuando me enteré y me eché a llorar. [...]

Bradbury hablando de su inspiración para escribir Fahrenheit 451. Vía Maelmori

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06/05/2006

La biblioteca de César Simón

LA BIBLIOTECA

Esta es la vieja biblioteca, que por extraños avatares de las guerras carlistas
vino a parar a este bajo techado de la cámara
-y el escritorio donde se firmaron sentencias de muerte-.
Existen tratados de metafísica,
cartularios, manuales de agricultura, poesías completas,
odas y dísticos, mapas con eolos y céfiros.
Paso vagamente las páginas. Y las cierro.
Los transporto del estante de la derecha al de la izquierda,
del de la izquierda al de la derecha;
saco de alguno de ellos recetas de un médico,
tarjetas enviadas por un confuso individuo a su mamá
desde Solingen. Voy a mirar los cepos.
Vigilo la parada del agua.
Hago café. Subo de nuevo hasta el desván. Me detengo
en el rellano. Olvidaba la llave,
la llave de la cripta, donde se amontonan las mecedoras.
He contemplado fijamente los libros. Están los gruesos,
los más gruesos, los crujientes, los blandos.
Fijamente los he contemplado, los blandos, los más blandos.
Los he vuelto a amontonar y arrojar en los cestos
una vez y otra, como medidas de áridos.
A veces me detengo junto a la biblioteca, esa es la verdad,
le doy algunas vueltas, manoseo su mapamundi,
Los Nueve años de vida errante, de Cabeza de Vaca,
el Fuero Juzgo.
Y los transporto del estante de la derecha al de la izquierda,
del de la izquierda al de la derecha.

César Simón

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SIMÓN, César. Una noche en vela: antología poética. Sevilla: Renacimiento, 2006. ISBN: 84-8472-193-0. 174 p.

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12/04/2006

a las bibliotecas proletarias

En un par de días se cumplirá el LXXV aniversario de la proclamación de la II República Española. Uno contempla la Segunda República como la última utopía europea, el sueño social y algo ilustrado de quienes creyeron posible mejorar su país lanzando un pequeño ejército de maestros armados con bibliotecas humildes a cargo de improvisados bibliotecarios... Sirva de homenaje este Himno de las bibliotecas proletarias, una soflama de Alberti con la que acerté a tropezar en uno de los dioramas de la exposición de la BNE Biblioteca en guerra.

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HIMNO DE LAS BIBLIOTECAS PROLETARIAS

A luchar sin descansar,
trabajadores
¡Sí!
Que de la tierra y del mar
seremos vencedores.

A estudiar para luchar,
trabajadores.
¡Sí!
Que ni en la tierra ni en el mar
quedarán explotadores.

Y en el viento se sentirá latir
la bandera de la Revolución
¡Compañeros, uníos y seguid
la luz de los vencedores!

Y en el viento nuestra marcha abrirá
los caminos que van al porvenir
¡Proletarios, en pie para luchar
contra los explotadores!

A luchar sin descansar,
trabajadores
¡Sí!
Que de la tierra y del mar
seremos vencedores.

¡A estudiar para luchar,
trabajadores!

Acampemos bajo el sol
de las praderas
¡Sí!
Bajo la sombra y el temblor
de los montes y riberas.

Y a estudiar para saber
qué son los rios
¡Sí!
Qué son las nubes y el llover,
la luz, el aire y los fríos.

De los libros recoged y arrancad
letra a letra lo que nos lleve
al fin
¡Camaradas, llegó la pleamar
para la cultura obrera!

¡Todo es nuestro, las artes,
la razón de la ciencia,
la Historia Natural.

¡Proletarios, repetid la canción
de la primavera obrera!

Acampemos bajo el sol
de las praderas
¡Sí!
Bajo la sombra y el temblor
de los montes y riberas.

!Acampemos bajo el sol de las praderas!

Rafael Alberti

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06/04/2006

Este bibliotecario de la figura enteca...

Este bibliotecario de la figura enteca,
de ojos adormilados y ridícula facha,
que con lecturas clásicas su cacumen empacha,
solemne y taciturno vive en la biblioteca.

Su faz descolorida parece una hoja seca,
que sólo se enrojece en cuanto se emborracha,
y andando entre los libros como una cucaracha,
se ha quedado ya el pobre con la cabeza hueca.

Marcha por las aceras con andares pausados,
saludando a las gentes con gestos estudiados,
que son un fiel trasunto de su pedantería,

y a veces, ante un grupo sentado en una banca,
en actitud de dómine, de improviso se arranca
con una perorata sobre filosofía.

Ernesto Albertos Tenorio

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Lo he capturado aquí (ojo, PDF) y me parece formidable :O)... Por lo visto el poeta (ignoro si de figura enteca) fue yucateca yucateco (me lo "apostilla" Magda :O)) y director de biblioteca, que ya son tecas ;O). Si alguno de los amigos mexicanos que paran por estos lares pudiera conseguirme un ejemplar de la obra cuyo asiento recojo debajo (en edición cualesquier), le quedaría sumamente agradecido :O)

ALBERTOS TENORIO, Ernesto. Cisnes negros, 1918-1949. Mérida, Yuc.: Edit. Club del Libro, 1949

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02/03/2006

Vivían y me hablaban o Los bibliotecarios como seres humanos

"Estoy sentado en una pequeña habitación, una de cuyas paredes está totalmente cubierta de libros. Es la primera vez que tengo el placer de trabajar con algo que parezca una colección de libros. Puede que en total no sean más de quinientos, pero en su mayor parte representan mis propias preferencias. Es la primera vez, desde que iniciara mi carrera como escritor, que me hallo rodeado por un buen número de los libros que siempre ansiaba poseer. Sin embargo, considero que el hecho de que en el pasado haya realizado la mayor parte de mi tarea sin ayuda de una biblioteca fue más una ventaja que una desventaja.

Una de las primeras cosas que asocio con la lectura de los libros es la lucha que he debido librar para obtenerlos. No poseerlos, advierto al lector, sino tenerlos a mi alcance. Desde el momento en que esta pasión hizo presa en mi ser, no encontré otra cosa que obstáculos. Los libros que buscaba en la biblioteca pública siempre estaban cedidos, y, por supuesto, jamás tuve el dinero necesario para comprarlos. Obtener permiso de la biblioteca de mi barrio —tenía en esa época de dieciocho a diecinueve años de edad— para que me entregaran una obra tan “desmoralizadora” como The Confession of a Fool (La Confesión de un loco), de Strindberg, fue sencillamente imposible. En esa época los libros prohibidos para la gente joven eran decorados con estrellas —una, dos o tres— según el grado de inmoralidad que se les atribuía. Sospecho que todavía sigue este procedimiento. Ojalá sea así, porque no conozco nada mejor calculado para satisfacer el propio apetito que esta estúpida clasificación y prohibición."

[...]

Henry Miller (1950)

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Lo que precede son los jugosos párrafos iniciales del primer capítulo de la obra referenciada más abajo... El capítulo luce un título muy bien traído: Vivían y me hablaban.

A la fuente, que es lo pertinente :O)

MILLER, Henry. Los libros en mi vida. Madrid: Mondadori, 1988. ISBN: 84-397-1468-8

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P.S.: huys, me dejaba sin citar la dedicatoria de Miller:

A LAWRENCE CLARK POWELL
Bibliotecario de la Universidad de California
en Los Ángeles

Sin desperdicio la confesión del autor en el prefacio: "...le debo mi actual habilidad para contemplar a los bibliotecarios como seres humanos." :OD

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11/01/2006

...queremos destruir las bibliotecas...

“Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria."
Parece una boutade o un tagline, pero se trata del décimo “mandamiento” propugnado por Marinetti en el Primer manifiesto futurista (1909).

En fin, sabíamos ya que a los simbolistas los teníamos en contra... va a ser que los futuristas tampoco nos tienen querencia :O(
En general, me temo que para las vanguardias históricas, la identificación biblioteca / tradición / cementerio es un lugar común... Hay también corrientes filosóficas contemporáneas que contemplan las bibliotecas, archivos y documentos con cierta suspicacia (podríamos hablar de La arqueología del saber de Foucault o del Mal de archivo de Derrida...); por cierto, hace centurias que no posteo nada en Bibliotecas en la filosofía... muy mal, muy mal, muy mal: cerapio en conducta para el que suscribe ;O)
11/01/2006 13:13 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

12/11/2005

...a los libros de la biblioteca de Mantero...

Del mismo tenor que el de Martínez Sarrión (¿habremos descubierto un locus poeticus?) y, en mi opinión, igualmente precioso:

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A LOS LIBROS DE MI BIBLIOTECA

Sat mea sat magna est, si tres sint pompa libelli
quos ego Persephonae maxima dona feram
Propercio

Cuando muera, llevaros no podré
conmigo. Aunque en vosotros
aprendí tantas cosas,
jamás que a nadie permitieran
tener sus libros en el paraíso.
Pero yo, sin la fiesta
de nuestro asiduo diálogo de amor,
¿cómo podría ser yo mismo?
El paraíso, sin vosotros,
estará mutilado.

Y vosotros sin mí,
¿qué haréis sin mí, hijos míos?
¿Qué extrañas manos abrirán la luz
de vuestras páginas? ¿En qué
salones de irrisión acabaréis,
en qué antros callejeros
de mercader os brindará al tacaño?
Dispersa ya vuestra hermandad,
sollozaréis de soledad y frío.

Conmigo os llevaré.
Ya encontraré algún modo.
Por dejaros en la otra orilla
¿cobrará muchos óbolos Caronte?

Manuel Mantero

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MANTERO, Manuel. Equipaje: (2002-2004). Madrid: RD Editores, 2005. 220 p.

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P.S. (19/11/2005): Habemus locum: indubitable :O)... y de honda raigambre. José Antonio Millán pasó por aquí para apostillarlo. Indispensable la consulta de su anotación del 18 de octubre. ¿No es un lujo cuando alguien al que admiras pasa por tu casa para compartir un pedacillo de su saber? :O)

09/10/2005

...de cómo poseer todo el conocimiento...

Vamos con un segundo post dominical, que luego me reconviene Catuxa (y con razón) porque no me prodigo...
Desde el principio de nuestra singladura, el tema de la biblioteca total, perfecta, ideal, se nos ha convertido en una especie de leit motiv, casi un telos... Hemos fatigado (que diría aquél) referencias sobre el tema en la literatura, la filosofía, la ciencia... a lo largo y ancho de la cultura. ¿Cuánto espacio ocuparía esa madre de todas las bibliotecas? ¿cómo se organizaría? ¿qué fondos la compondrían?
Y ahora... ¿precisaría albergar todos los libros posibles, o sólo los existentes? Y aún más: ¿y si bastara con sólo unos cuantos, una combinación equivalente al todo????

Esta última parece ser que tesis que apuntala el relato Lo que dicen los libros de Marcos Giralt Torrente, del que hemos ido entresacando el siguiente diálogo, que tiene lugar en la sala de lectura de una biblioteca de facultad.

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[…]
[…] me había puesto a hojear los libros desplegados en la mesa y que, no tanto porque aún me intrigara su desconcertante variedad como porque representaban un pretexto para llenar el silencio que se avecinaba, le pregunté cuál de ellos estaba leyendo.
[…]
- Supongo que no todos –añadí al ver que se alargaba demasiado en la contestación. Y luego, como matizando una frase que de pronto me sonaba indiscreta-: Supongo que no te interesarán todos por igual.
- ¿Leer? –inquirió al punto-. ¿Es que puedes tú leer todos los libros?
- ¿Todos los libros? […]
- Digo leer todos los libros en un sentido equivalente al que utilizaríamos para referirnos a un coleccionista de sellos –dijo tras unos segundos de espera-, a un coleccionista de sellos británico por ejemplo, que puede tener o anhelar tener, sin que en principio haya nada que se lo impida, un ejemplar de todos los sellos de la Commonwealth.
- Pero sabes bien que eso no es posible […]
- Sí, estoy de acuerdo –contestó él-. Aun así convendrás conmigo en que no deja de ser sino una imposibilidad sólo material. Insalvable quizá, pero material al fin y al cabo […]
[…] Lo mismo cabe decir de los cuadros de un pintor, de todos los cuadros pintados en un siglo y también, ¿por qué no de todos los cuadros que se han pintado en la historia, los que se conservan y no se han quemado o perdido […] Es sólo un problema espacial el que dificultaría reunirlos todos, un problema espacial y la voluntad, claro está, de pintores, coleccionistas y museos. Pero, dime, ¿ocurre igual con los libros?, ¿pueden leerse (no digo tener) todos los libros que se han escrito, todos los libros editados en español desde el siglo XVI?
[…]
No te esfuerces, nadie puede. Aun en el caso de que estuvieran todos a nuestra disposición, la vida es limitada y no tenemos tiempo; ni los mayores eruditos de quienes se dice que lo han leído todo, han tenido tiempo para tal cosa. En cambio –pareció dudar-, sí es posible obtener el conocimiento que nos proporcionaría esa lectura, por algo se dice que somos ángeles caídos. La dificultad no es de capacidad sino de procedimiento para adquirirlo, para recordar ese conocimiento.

[…] gasté una de esas bromas que se gastan cuando se siente la imperiosa necesidad de hablar pero no se sabe qué decir. Algo como que los japoneses no habían inventado todavía la píldora mágica con la que engullir los libros sin que haya que leerlos previamente […]

- La solución es la combinación de unos cuantos elementos. No necesariamente todos –dijo.
- No entiendo
- Ante la imposibilidad de todo –aclaró- la combinación de unos elementos concretos, únicos, debe dar un resultado similar al todo.
[…]
- ¿Quieres decir que piensas en una selección de lecturas, en cuáles son las lecturas apropiadas para llegar a saber acerca de todo?
[…]
- No me has entendido. No me refiero a adquirir el mayor conocimiento posible, sino a todo el conocimiento. No hablo de una simple selección de lectura, sino de los libros que combinados y en un orden determinado permiten alcanzar todo el conocimiento, no el que concierne en exclusiva a un materia o disciplina concreta, sino a todo ¿entiendes?
[…]
Poseo la combinación de los libros que me darán todos los libros. Poseo uno a uno y en su orden los libros que me permitirán alcanzar todo el conocimiento que me proporcionaría leer todos los libros, no sólo los escritos o traducidos en español, sino todos.
[…]

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Bueno, y éste es un buen punto para dejar la trascripción, que no se diga que aquí reventamos nada a nadie. Si el cuerpo os pide más tenéis, como siempre, la referencia aquí mismo:

GIRALT TORRENTE, Marcos. Entiéndame. Barcelona: Anagrama, 1995. 126 p. ISBN: 84-339-0992-4""

14/09/2005

...a veces se leen mutuamente...

[...]
El libro me miró fijamente con ojos fríos y anotó algo en una de sus páginas.
-¿Qué vienen a hacer aquí? –preguntó entonces.
-Eso no lo sabemos –intervine yo-. Ni siquiera sabemos dónde estamos.
-¿De verdad? –preguntó el libro-. Entonces se los voy a decir. Se encuentran en el umbral de la biblioteca perfecta.
-¡Pero eso es excelente! –grité-. Desde hace mucho estoy buscando un libro, que...
-Tranquilo –interrumpió el libro-. Aquí hay miles de libros. En realidad están todos los libros que nunca han sido escritos. Hay libros de vidrio, de madera, de plumas y de agua, libros en forma de caballo, de cuerda o de hongo, libros triangulares, piramidales, libros redondos, libros con miles de hojas finas, libros que ni siquiera tienen hojas, libros que contienen todos los principios, los finales o la parte del medio del resto de los libros; en suma, se puede decir que todo lo que se imagina está escrito aquí.
-Suena impresionante –reconoció el poodle-. Entonces la biblioteca debe ser inmensa.
-La biblioteca se compone de salas heptagonales con siete puertas y setenta estanterías, y éstas tienen siete metros de altura y pueden cobijar unos setecientos libros cada una. Una habitación se agrupa con las otras sin ruptura, tal como los panales de miel. En el cielo de cada sala hay una cámara de vigilancia. Los habitantes de la biblioteca son exclusivamente libros. Ninguno tiene un lugar fijo. A veces se encuentran por ahí, otras por aquí.
-¿Y qué hacen los libros todo el día?
-Van de una habitación a la otra, se quedan en una estantería por un tiempo hasa que se aburren y siguen su camino. A veces se leen mutuamente. Pero eso no ocurre muy a menudo. Cada libro piensa de sí mismo que es el mejor. Hay una gran competencia entre ellos. De pronto sucede que se desgarran uno a otro. Pero habitualmente actúan con prudencia, porque saben que los estamos vigilando.
-¿Quién los vigila?
El libro se calló un momento. Después dijo en un murmullo:
-Earl Grey.
-Earl...
-¡Sschhsst! –chilló el libro-. ¡Silencio! Nadie debe pronunciar el nombre de nuestro Maestro, ¡ni siquiera pensarlo! Él es omnipotente, omnisciente y semejante a Dios. Nada le costaría destruirnos.
[...]
De pronto reinó un silencio sepulcral.
-Un día –continuó el libro-aduana-, nadie sabe a qué hora exactamente, el Maestro abrirá la biblioteca para escoger el libro más digno. Cada uno de los libros se esfuerza por ser el más digno, en las palabras, en su tema y en los pensamientos. Es que el Maestro sabe leer nuestros pensamientos, los lee igual que a los libros.
[...]

Gion Mathias Cavelty

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CAVELTY, Gion Mathias. Ad absurdum o Un viaje al laberinto de los libros. Barcelona [etc.]: Andrés Bello, 1999. ISBN: 84-89691-66-5

19/06/2005

...de Meléndez Valdés a sus libros...

- ODA XXXIV -

A MIS LIBROS (- 1814)

Fausto consuelo de mi triste vida,
donde contino a sus afanes hallo
blandos alivios, que la calma tornan
plácida al alma,

rico tesoro, deliciosa vena
do puros manan, cual el almo rayo
que Febo lanza esclareciendo el orbe,
santos avisos,

donde Minerva providente cela
sus maravillas, monumento ilustre
del genio excelso que feliz me anima,
libros amados,

do de los siglos la fugaz imagen,
donde, natura, tu opulenta suma,
del seno humano el laberinto ciego,
quieto medito,

nunca dejéis de iluminarme, nunca
en mi cansada soledad de serme
útil empeño, pasatiempo dulce,
séquito grato.

Vuestro comercio al ánimo regala,
vuestra doctrina el corazón eleva,
vuestra dulzura célica el oído
mágica aduerme,

cual reverdece la sonante lluvia
al seco prado y regocija alegre
la árida tierra, que su seno le abre,
madre fecunda.

Por vos escucho en el aonio cisne
la voz ardiente y cólera de Ayace,
los trinos dulces que el amor te dicta,
cándido Teyo.

Por vos admiro de Platón divino
la clara lumbre; y si tu mente alada,
sublime Newton, al Olimpo vuela,
raudo te sigo.

En la tribuna el elocuente labio
del claro Tulio atónito celebro;
con Dido infausta dolorida lloro
sobre la hoguera;

sigo la abeja que libando flores
ronda los valles del ameno Tíbur;
y oigo los ecos repetir tus andias,
dulce Salicio,

viéndome así del universo mundo
noble habitante, en delicioso lazo
con las edades que en hondo abismo
son de la nada.

Nunca preciados, do la suerte, oh libros,
lleve mi vida, cesaréis de serme,
ora me encumbre favorable, y ora
fiera me abata,

bien me revuelva en tráfagos civiles,
bien de los campos a la paz me torne,
siempre maestros de mi vida, siempre
fieles amigos.

Juan Meléndez Valdés (1754-1817)

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Mi ejemplar:
MELÉNDEZ VALDÉS, Juan. Poesías. Madrid: Espasa-Calpe, 1991. ISBN: 84-239-7217-8. 324 p.

05/06/2005

...la biblioteca del paciente del doctor inverosímil...

Que aquí somos ramonianos y lo llevamos bien a gala es algo que a nadie se le oculta… La bagatela ("¡Viva la bagatela!", que decía aquél) del día la hemos tomado esta vez de El doctor inverosímil, en ejemplar que referenciamos abajo :O)

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LA BIBLIOTECA

Parecía una araña seca, de esas que cree uno que se van a mover, pero que después se ve que están muertas. Él había tramado toda aquella colección de libros que le envolvían, y, sin embargo, estaba muerto en medio de ellos. A la araña le sirve por último de mortaja su propia tela.
- Doctor, doctor… Yo me siento seco por dentro, completamente seco… No puedo ni tragar un poco de saliva de vez en cuando, esa poca saliva que es como el petróleo de nuestra vida.
- ¿Es que lee usted mucho? ¿Es que se está usted hasta las altas horas de la mañana trabaja que trabaja?
- Le voy a ser a usted franco… No… Estoy aquí siempre, sí, pero descabezo muchos sueños sobre los libros, y, sobre todo, miro sus lomos como el viejo verde que va a ver muslos de bailarinas a los Kursales.
- ¿Qué calefacción tiene usted?
- Calefacción por agua caliente.
- Entonces no es eso… ¿Es usted casado y vive una vida de pequeñas ruindades y mezquindades al lado de su esposa?
- No. Tampoco… Yo no soy más que un viejo lector… He coleccionado mis libros y nada más.
- ¿Y qué otros síntomas siente usted?
- Yo sólo siento que me van enterrando los días, que la tierra y el polvo me envuelven, que la caspa del tiempo cubre mi cabeza y me abruma…
Por las vidrieras herméticas entraba, tiñéndose con los colores de los cristales, una luz viva morada y rubia.
Los estantes de las librerías eran muy hondos y se quedaban con toda la luz, con los ruidos, con las palabras. Era como opaca y sorda la habitación por causa de las grandes librerías.
No sé por qué, mirando las librerías ya tuve la sospecha de que de aquellos recodos oscuros procedía aquella enfermedad que iba desustanciando y arruinando al pobre viejo.
Me acerqué a los estantes y quité un montón de libros de su sitio. Detrás había la espesa pelusa del polvo, esa lana que da como los carneros.
- ¿Pero cuánto tiempo hace que no limpian esta biblioteca?
- Muchos años… Porque no dejo que lo hagan, porque me lo desarreglarían todo.
- Deje que lo desarreglen… Esas apretadas anginas que usted padece, esa sequedad, ese empolvamiento interior en que siente usted que va siendo enterrado, todo eso procede de este polvo sutil que hay detrás de las librerías… El polvo peor del mundo, el más maligno, el más fino, el que sabe colarse mejor en el alma y ahogarla como una polilla, como una carcoma imposible de extirpar.

Ramón Gómez de la Serna. 1921

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Mi ejemplar:
Gómez de la Serna, Ramón. El doctor inverosímil. Barcelona: Destino, 1981. ISBN: 84.233.1110.4. 239 p.

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Más ramonismos en bibliotecosas:

29/05/2005

...un libro de Caballero Bonald, por ejemplo...

UN LIBRO, POR EJEMPLO

De parte a parte rotas, como un puente
baldío, hojas
que fueron luz, hoy yacen ciegas,
desprendidas del sueño al que se asían
bajo el ojo feliz que las juntara.

Germen de un día, qué rebelión urgente
volcó en el tiempo, en su precario hondón
de constante ruindad.
Las letras,
las palabras, rangos perecederos,
con su luz momentánea, con sus frágiles nudos,
perdidas ya en un rapto de sospechas,
nada proclaman, ningún deseo fundan,
envolturas de un aire sin su mundo.

El libro aquel reposa en la madera
podrida de los años, convive acaso oscuramente
con el ávido sueño que en su fe se reclina.
Qué movimiento borrascoso
surge implacable desde el semillero
que se aferra a sus bordes, qué trámites de olvido
reducen a indigencia cuanto fue patrimonio
de un combativo pecho que lo irguió con su vida.

Una mano lo toca y se estremece el tiempo.
Se escucha allá en su fondo el vibrante estupor
de las cautivas hojas impregnadas.
(El libro está viviendo en virtud de esa mano.)
Después, palabra tras palabra,
piedra tras piedra, empieza a derrumbarse.
Ya es un eco en lo oscuro: lentas
sombras lo arrasan, ácidos del vacío
lo contagian de cautelosa herrumbre,
de erosión que primero fue entereza.

Un libro es un amor: un sustantivo mundo.
Lo no existente allí se transfigura.
Y al fin de su codicia es sólo amago
de caduca verdad, barrunto de evidencias,
reconstrucción de indicios cercenados.
Sólo se salva aquel que ya nació intangible.

José Manuel Caballero Bonald

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Caballero Bonald, José Manuel. Somos el tiempo que nos queda. Barcelona: Seix Barral, 2004. ISBN: 84-322-0880-9. 540 p.

25/04/2005

...la biblioteca particular de Caballero Bonald...

Éste me resulta particularmente hermoso, no sé bien porqué... tiene algo como de belleza decantada, aquilatada... espero que os guste al menos la mitad que a mí :O)

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BIBLIOTECA PARTICULAR

Comparecen los libros en lugares
anómalos, se juntan
con indolente asimetría:
un tropel
de vestigios locuaces,
pendencieros, irresolutos, lerdos.

He pugnado con ellos
durante muchos años: los he visto nacer,
durar, languidecer. Han resistido
intemperies, saqueos, turbamultas.

Algunos llevan dentro
la ponderada prueba de mi envidia,
los más el distintivo
incorregible de la decepción

Mi error fue abrir un día un libro.

(Jack London, The Sea Wolf)

José Manuel Caballero Bonald

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Mi ejemplar:
CABALLERO BONALD, José Manuel. Somos el tiempo que nos queda: obra poética completa. Barcelona: Seix Barral, 2004. ISBN: 84-322-0880-9. 540 p.

17/04/2005

fuimos cual polvo de los anaqueles...

Bueno, son endecasílabos, sí, pero es difícil encontrar un soneto más alejandrino :O)

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Nunca preguntes por Alejandría
caravanero perdido en la arena
náufrago mustio de amor y de pena
tórrido el sueño y la noche fría

Lánzate en brazos de antigua teoría
Traza en el suelo las hipotenusas,
y ángulos rectos, placer de las musas,
ebrias de lógica y de geometría

Siempre vivimos para los papeles
fuimos cual polvo de los anaqueles
bibliotecarios de melancolía

Tarde se ha hecho para la frontera
nunca logramos salir hacia fuera
siempre estuvimos en Alejandría

Jesús Mosterín

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Siempre estuvimos en Alejandría. Julia García Maza (ed.). Madrid; Valencia: Asociación de amigos de la Biblioteca de Alejandría; Edicions Alfons el Magnànim, 1997. ISBN: 8479521848.

29/03/2005

...como pájaros con sus alas plegadas...

BIBLIOTECA

Son como pájaros con sus alas plegadas
y su pico al aire, solitarios,
en fila sobre los anaqueles. Sueñan,
esperan años, siglos, como mendigos silenciosos,
con la mano extendida; quizá monjes,
acodados en su sillería,
para un solemne oficio, tantos libros.
No son sino papel cosido, letras, pero
no ha habido déspota en el mundo
que no haya temblado en su presencia, porque
los ojos son, la boca, el ánima,
de todos los muertos de la tierra.
Miran y miden tu estatura,
si aún no eres un hombre
y necesitas conversación con Descartes,
los "Pensées" y quizás Safo,
tantos y tantos otros, llama
viva, consolación, acogimiento,
en tu hora oscura. Escucha
entonces: Niccolò Maquiavelo
se vestía los trajes con que visitaba a los príncipes,
para abrirlos a la caída de la tarde; toma
tú una candela y ve a su audiencia
para que te acompañen tantas vidas.
¡Es tan corta la tuya!
¡Tan pequeña!

José Jiménez Lozano

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Siempre estuvimos en Alejandría. Julia García Maza (ed.). Madrid; Valencia: Asociación de amigos de la Biblioteca de Alejandría; Edicions Alfons el Magnànim, 1997. ISBN: 8479521848.

19/03/2005

Rimbaud y el bibliotecario

El bibliotecario del colegio lo ignoraba (sería injusto exigirle tal capacidad de previsión), pero el chaval, prácticamente un niño, que tenía delante era tan precoz como genial; la anécdota, que en cualquier otro caso no hubiera trascendido por su trivialidad, hoy es, para nuestra desventura, historia de la literatura con mayúsculas...

Se trata del bibliotecario del colegio de Rimbaud, displicente y reacio a levantarse de su silla para buscar los libros que le solicitaba Arturito, y la anécdota está en la génesis del poema "Los sentados", escrito en 1871. Afortunadamente el poema se convirtió en una invectiva genérica contra el apoltronamiento (la palabra "bibliotecario" no se menciona, aunque Rimbaud mismo narró la bien conocida anécdota "inaugural"). En cualquier caso, colegas, y hasta que no consigamos aducir testimonios a favor, me temo que a los simbolistas los tenemos en contra :O(

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LOS SENTADOS

Costrosos, negros, flacos, con los ojos cercados
de verde, dedos romos crispados sobre el fémur,
con la mollera llena de rencores difusos
como las floraciones leprosas de los muros;

han injertado gracias a un amor epiléptico
su osamenta esperpéntica al esqueleto negro
de sus sillas; ¡sus pies siguen entrelazados
mañana, tarde y noche, a las patas raquíticas!

Estos viejos perduran trenzados a sus sillas,
al sentir cómo el sol percaliza su piel
o al ver en la ventana cómo se aja la nieve,
temblando como tiemblan doloridos los sapos.

Los Asientos les brindan favores, pues, prensada,
la paja oscura cede a sus flacos riñones
y el alma de los soles pasados arde, presa
de las trenzas de espigas donde el grano cuajaba

Los Sentados, cual músicos, con la boca en sus muslos,
golpean con sus dedos el asiento, rumores
de tambor, del que sacan barcarolas tan tristes
que sus cabezas rolan en vaivenes de amor.

––¡Ah, que no se levanten! Llegaría el naufragio...
Pero se alzan, gruñendo, como gatos heridos,
desplegando despacio, rabiosos, sus omóplatos:
y el pantalón se abomba, vacío, entorno al lomo.

Oyes cómo golpean con sus cabezas calvas
las paredes oscuras, al andar retorcidos,
¡y los botones son, en su traje, pupilas
de fuego que nos hieren, al fondo del pasillo!

Mas tienen una mano invisible que mata:
al volver, su mirada filtra el veneno negro
que llena el ojo agónico del perro apaleado,
y sudas, prisionero de un embudo feroz.

Se sientan, con los puños ahogados en la mugre
de sus mangas, y piensan en quien les hizo andar;
y del alba a la noche, sus amígdalas tiemblan
bajo el mentón, racimos a punto de estallar.

Y cuando el sueño austero abate sus viseras,
sueñan, sobre sus brazos, con sillas fecundadas:
auténticos amores, mínimos, como asientos
bordeando el orgullo de mesas de despacho.

Flores de tinta escupen pólenes como tildes,
acunándolos sobre cálices en cuclillas,
como a ras de unos gladios un vuelo de libélulas
––y su miembro se excita al rozar las espigas.

Arthur Rimbaud

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RIMBAUD, Arthur. Poesías completas. Prado, Javier del, tr. y ed. lit. Madrid: Cátedra, 1996. ISBN: 84-376-1465-1

26/02/2005

Valverde tiene un lector invisible

el_lector_invisible.jpgEL LECTOR INVISIBLE

Ya he contado alguna vez que uno es visitante asiduo de la Biblioteca Pública. En pocos sitios me siento tan a gusto, tan en casa. Hablamos de un lugar para todos, lleno de civismo, de silencio y de libros, ¿qué más se puede pedir? Como quiera que el número de revistas que llegan es cada vez menor y las mesas están repletas de estudiantes con cara de ángel y convocatoria de septiembre, me decido por el "servicio de préstamos" y me voy con mi ejemplar puesto. Rara vez hago esto. Me cuesta mucho trabajo leer un libro que no es mío, sobre todo porque siempre leo con un lápiz en la mano (reminiscencia judía, según Steiner) y los surayados y las anotaciones me están vedados en el volumen ajeno. Si no tengo más remedio, recurro a algún amigo de confianza o, claro está, a la biblioteca. No siempre está uno en disposición de comprar todos los libros que quisiera y a cierta edad y unas cuantas mudanzas a la espalda, ya se conoce, por una parte, el peligro que corre quien almacena libros, y, por otra, que la mejor biblioteca privada no es la que tiene más ejemplares. De un tiempo a esta parte vengo notando una curiosa coincidencia ...

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Y por hoy he decidido que os veis monísimos con la miel en los labios (que os dejo con las ganas, vamos) :O)
El que quiera más (no se arrepentirá), que haga lo del cántaro, que vaya a la fuente:

VALVERDE, Álvaro. El lector invisible. Mérida: Editora regional de Extremadura, 2001. ISBN: 84-7671-642-7. 132 p.

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¿Aún con ganas de más?

Poesía:
VALVERDE, Álvaro. Mecánica terrestre. Barcelona: Tusquets, 2002. ISBN: 84-8310-786-4. 128 p.

Narrativa:
VALVERDE, Álvaro. Alguien que no existe. Barcelona: Seix Barral, 2005. ISBN: 8432212008. 240 p.

12/02/2005

con Cernuda en este vasto cementerio del pensamiento

BIBLIOTECA

Cuántos libros. Hileras de libros, galerías de libros, perspectivas de libros en este vasto cementerio del pensamiento, donde ya todo es igual, y que el pensamiento muera no importa. Porque también mueren los libros, aunque nadie parezca apercibirse del olor (quizá abunda por aquí literatura francesa, con sus modas que sólo contienen muerte) exhalado por tantos volúmenes corrompiéndose lentamente en sus nichos. ¿Era esto lo que ellos, sus autores, esperaban?

Ahí está la inmortalidad para después, en la cual se han resuelto horas amargas que fueron vida, y la soledad de entonces es idéntica a la de ahora: nada y nadie. Mas un libro debe ser cosa viva, y su lectura revelación maravillada tras de la cual quien leyó ya no es el mismo, o lo es más de como antes lo era. De no ser así el libro, para poco sirve su conocimiento, pues el saber ocupa lugar, tanto que puede desplazar a la inteligencia, como esta biblioteca al campo que antes aquí había.

Que la lectura no sea contigo, como sí lo es con tantos frecuentadores de libros, leer para morir. Sacude de tus manos ese polvo bárbaramente intelectual, y deja esta biblioteca, donde acaso tu pensamiento podrá momificado alojarse un día. Aún estás a tiempo y la tarde es buena para marchar al río, por aguas nadan cuerpos juveniles más instructivos que muchos libros, incluido entre ellos algún libro tuyo posible. Ah, redimir sobre la tierra, suficiente y completo como un árbol, las horas excesivas de lectura.

Luis Cernuda, 1942

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CERNUDA, Luis. Ocnos; seguido de Variaciones sobre tema mexicano. Madrid: Taurus, 1979. ISBN: 84-306-4098-3. 151 p.
12/02/2005 10:05 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

06/02/2005

...la bibliotecaria no cree lo que ve: un usuario comiendo poesía...

COMIENDO POESÍA

La tinta corre por la comisura de mi boca.

No hay una felicidad como la mía.

He estado comiendo poesía.

La bibliotecaria no cree lo que ve:

sus ojos están tristes

y camina con las manos metidas en el vestido.

Los poemas se han ido.

La luz es tenue.

Los perros están en la escalera del sótano y vienen subiendo.

Sus ojos blanquean,

sus patas rubias arden como la maleza.

La pobre bibliotecaria patalea y llora.

Ella no entiende.

Cuando me arrodillo y le lamo la mano, grita.

Soy un hombre nuevo.

Le gruño y le ladro.

Y retozo con júbilo en la penumbra libresca.

Mark Strand

(Versión de Miguel Ángel Zapata en colaboración con Richard Ford)

18/01/2005

a los libros de martínez sarrión

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A LOS LIBROS DE MI BIBLIOTECA

Durarán más que tú,
pero nadie
posará con más gusto su mirada,
aspirará su olor a papel viejo
preferible al perfume más sutil,
recorrerá sus lomos,
los abrirá con igual mimo,
descubriendo tesoros olvidados,
textos, recortes que los complementan,
volviendo a colocarlos con amor
en el sitio cabal, para encontrarlos
-milicia silenciosa y no violenta-
no en más de tres minutos.

Habrá de pasar tiempo,
dejadme imaginarlo,
hasta que se acostumbren a otras manos:
ojalá no sean ásperas con ellos.

Antonio Martínez Sarrión

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MARTÍNEZ SARRIÓN, Antonio. Poeta en diwan. Barcelona: Tusquets, 2004. ISBN: 84-8310-980-8. 163 p.

31/12/2004

las afinidades electivas

Tengo que reconocer que mi benemérita escuela de biblioteconomía y documentación no me había preparado para esto: ¡clasificaciones por afinidades!

No recuerdo ni cuándo ni dónde di con la primera referencia sobre el tema: alguien citaba un título decimonónico, el Libro de etiqueta de Lady Gough del que no he hallado noticia ulterior. Este manual victoriano por lo visto aconsejaba, en aras del decoro, “que los libros de autores varones no compartieran nunca estante en la biblioteca de un buen cristiano con los escritos por mujeres, salvo, eso sí, que los autores estuvieran casados entre sí.” (tal es el tenor de la cita que tengo copiada) :OD

Esta admonición hoy mueve a risa de puro mojigata, aunque somos conscientes de que las clasificaciones, incluso las que se pretenden más asépticas, no pueden evitar ser hijas del tiempo que las alumbró.

En su día condené la referencia por anecdótica y no había vuelto a considerar la posibilidad de una clasificación por afinidades hasta que di con el espléndido texto con el que quiero despedir el año, sonsacado de un relato libroso cuajado de sorpresas como ésta que ya habrá ocasión de postear ;O)

(para mejor entendimiento del extracto: un personaje A le cuenta al narrador los intentos de Carlos Brauer –el verdadero protagonista del relato– de organizar su desbordante biblioteca; los entrecomillados corresponden a las palabras de Brauer citadas por A).

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...Cuando se tiene una biblioteca como la de Brauer el fichero es imprescindible. Un hombre puede conquistar muchas lecturas, pero un conquistador se halla obligado a administrarlas.
...”Lo peor de todo”, me comentó, “lo que más trabajo me lleva, es el tema de las afecciones.”
Fue la primera señal de que algo no marchaba bien. Aquí mismo, donde está sentado usted, una tarde me explicó el trabajo que le llevaba no juntar sobre un estante dos autores peleados. No se atrevía a colocar un libro de Borges al lado de uno de García Lorca, por ejemplo, a quien el argentino calificó de “andaluz profesional”. Tampoco una obra de Shakespeare junto a otra de Marlow, dadas las insidiosas acusaciones de plagio entre los autores, aunque eso lo obligara a no respetar los números seriados de cada volumen en su colección. Tampoco, desde luego, un libro de Martin Amis y otro de Julian Barnes, luego que los dos amigos se pelearon, o ubicar a Vargas Llosa junto a García Marquez.
Callé, le digo, con tristeza, las señales de que mi amigo sufría una alteración mental. Me explicó que trabajaba en un sistema de números fractales, lo suficiente abierto para permitir el cambio de ubicación de los libros según criterios dinámicos (nunca conjeturales, enfatizó), porque al fin de cuentas nada había más voluble que las valoraciones literarias. De modo que si hallaba atendibles razones que rescataban una obra del olvido, o conquistaba una afinidad con otros textos, cambiaba su disposición en los anaqueles...
“Durante siglos hemos utilizado un sistema pedestre”, dijo entonces, “insensible al orden real de las afecciones. Quiero decir que Pedro Páramo y Rayuela son dos obras de autores latinoamericanos, pero para seguir el camino de una es necesario ir a William Faulkner y la otra nos lleva a Moebius...”
Nunca logré visualizar cómo era el sistema de clasificación de Carlos porque debí internarme para someterme a una operación y dejé de verlo por varios meses. Pero amigos comunes me pusieron al tanto de que trabajaba en su fichero, dedicaba muchas horas al estudio de las matemáticas complejas y, para asombro de la mayoría, advertían en él no solo signos de agotamiento, también de locura.
...

DOMÍNGUEZ, Carlos María. La casa de papel. Barcelona: Mondadori, 2004. ISBN: 84-397-057-7. 110 p.

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21/12/2004

...la pulcritud y el orden de los biblioratos...

Acabo de encontrarlo aquí y según lo leo lo posteo...

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El Acomodador de las Facetas

Tu trabajo es el de acomodador;
eres el Acomodador de las Facetas.
Eres el archivista prolijo
que ordena los archivos
de los estantes del cerebro.
Te apasiona la pulcritud y
el orden de los biblioratos.
Mil temas extraerían
los psicólogos de tus archivos.
Cualquier cerebro es un
Inmenso Archivo,
pero no todos los portadores de cerebros
son archivistas.
Muy pocos se atreven a
ordenar su propia biblioteca mental.
Hay volúmenes un tanto tenebrosos,
otros espantan por su incoherencia,
otros avergüenzan,
otros nos da gusto ordenarlos,
observarlos, limpiarlos, ponerles
títulos y fechas.
Yo me afianzo en mi mundo interno
y me alejo del externo.
Y todo lo que hay que hacer
y todo lo que debería hacer hoy
no me intranquiliza.
Por lo menos exijo el derecho
de ser un loco tranquilo,
que me dejen en paz,
tanto los decadentes como los progresistas
y los optimistas;
yo sólo quiero ordenar mi biblioteca.
Hay cientos de volúmenes sin catalogar,
otros me atrevo a mirarlos de a poco,
con cautela y sobriedad.
Que cada cual ordene su biblioteca,
y cuando esté ordenada que se
vaya a un parque a tomar aire
y a fumar un cigarrillo.

Esteban Costa

El contemporáneo, blog de Esteban Costa

20/12/2004

...en donde se descubre un libro que leía los rostros de quienes pasaban sus páginas...

LIBROS

Un libro que después de una sacudida confundió todas sus palabras sin que hubiera manera de volverlas a poner en orden.
Un libro cuyo título por pecar de completo comprendía todo el contenido del libro.
Un libro con un tan extenso índice que a su vez éste necesitaba otro índice y a su vez éste otro índice y así sucesivamente.
Un libro que leía los rostros de quienes pasaban sus páginas.
Un libro que contenía uno tras otro todos los pensamientos de un hombre y que para ser leído requería la vida íntegra de un hombre.
Un libro destinado a explicar otro libro destinado a explicar otro libro que a su vez explica al primero.
Un libro que resume un millar de libros y que da lugar a un millar de libros que lo desarrollan.
Un libro que refuta a otro libro en el cual se demuestra la validez del primero.
Un libro que da una tal impresión de realidad que cuando volvemos a la realidad nos da la impresión de que leemos un libro.
Un libro en el cual sólo tiene validez la décima palabra de la página setecientos y todas las restantes han sido escritas para esconder la validez de aquélla.
Un libro cuyo protagonista escribe un libro cuyo protagonista escribe un libro cuyo protagonista escribe un libro.
Un libro, dedicado a demostrar la inutilidad de escribir libros.

Luis Britto García, 1970

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Grandes minicuentos fantásticos. Selección de Benito Arias García. Madrid: Alfaguara, 2004. ISBN: 84-204-0023-8. 318 p.

13/12/2004

el orden en la biblioteca de Britto García

No va a ser el último artículo que dedicaremos a este maestro venezolano de lo breve, ni siquiera a este libro (vid. infra)...

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EL ORDEN EN LA BIBLIOTECA

En mi biblioteca sólo hay dos clases de libros: los que sé que tengo pero no aparecen, y los que aparecen sin que yo supiera que los tengo. No menciono volúmenes prestados, de los cuales ninguno regresa. Nunca los declaro difuntos hasta que su cadáver no es desenterrado en una biblioteca ajena. Hay tomos insurgentes, que cogen el monte de las estanterías y burlan todo operativo de captura. Hay los fantasmas, que se desvanecen. Hay los repetidos, que compré dos veces por no saber dónde tenía guardado el mismo título, o por ignorar que a pesar del título distinto era el mismo libro. Están los tímidos, que la sirvienta deja con el lomo contra la pared y se resisten a revelar su identidad. Hay las ediciones solteronas o vírgenes que por su prestigio debemos frecuentar pero cuya sola vista acongoja. Hay la inmensa mayoría de la que no se puede decir ni bien ni mal y que nunca volveremos a tocar porque no siempre es puerta de la luz un libro abierto: puede ser ventana hacia el fastidio o fosa de un prestigio inventado por la crítica. Hay en fin los eternos, que no es necesario tener en la biblioteca porque los lleva uno en el alma como cicatrices. Si llego a poner orden en mi biblioteca lo pondré también en mi vida. Entonces todo habrá concluido.

Luis Britto García

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BRITTO GARCÍA, Luis. Andanada. Barcelona: Thule ediciones, 2004. ISBN: 84-933734-2-7. 172 p.

09/12/2004

...en donde Juvencio Valle agoniza en la biblioteca...

El escritor chileno Juvencio Valle (1900-1999) fue funcionario de la Biblioteca Nacional de Chile donde culminó su carrera como Director de Bibliotecas, Archivos y Museos durante el gobierno de Salvador Allende.

Púlsese para acceder al infrascrito y otros poemas de Juvencio Valle

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Me Muero Irremediablemente

Me estoy muriendo en una Biblioteca
entre libros en fila,
testigos filósofos del hecho;
libros que desde lejos me contemplan,
mudos por fuera,
pero por dentro llenos de elocuencia,
y a quienes digo:
un momento Jorge Manríque,
San Juan de la Cruz, espérame,
Perdóname, Quevedo.

Pidió mi muerte a plazos
el director del establecimiento,
la decretó el Ministro a ciegas,
y las paredes frías
quedaron silenciosas;
el techo de cemento
todavía no se viene abajo,
los mármoles del piso
parecen lápidas.

Oídlo por mi boca:
me muero día a día.
Que lo digan simultáneamente
mi compañero Alfonso Montenegro,
mi amigo Juan Cavada,
la señora Emma,
las tres Marías de la Biblioteca
las dos Zulemas.
Y también los más jóvenes,
desde hoy sentenciados
a morir con el libro en la mano.

El alma se me cae en los tinteros,
nado en un mar de fichas y papeles,
archivadores, cartas,
máquinas de escribir, feroces máquinas
de sumar y multiplicar congojas,
timbres eléctricos,
gritos del emperador doméstico,
números, oficios:
me falta el aire azul,
me ahogo irremediablemente.

Soliciten una junta de médicos,
traigan sus instrumentales los doctores,
alargadme una rama,
llamad a los bomberos.
Aquí se necesitan
brujas en una escoba,
exorcismos violentos,
uñas de la gran bestia,
amuletos o cruces
para espantar el diablo en esta casa.

Píldoras para la libertad perdida,
cuerdas de salvataje,
una ventana abierta al sur,
un caballo ensillado,
una ráfaga.

Venid con yerbas frescas
para mi mal de adentro;
necesito con urgencia una botica,
yo todo me lo tragaré de golpe:
mis días están contados
pero aún pudiera ser tiempo.

Poned un radiograma a los poetas,
que los colegas sepan la noticia,
que nadie ignore cómo me encarnecen,
un cable que escuetamente diga:
"por disposición del jefe de Servicio
—un malo de la cabeza—
a esta hora se está muriendo,
irremediablemente,
Juvencio Valle
en la Biblioteca Nacional de Chile".

Juvencio Valle
09/12/2004 12:56 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

14/11/2004

...una fanfarria por los bibliotecarios...

Un poema de encargo, a cargo del poeta local Edwin Morgan, para ser leído en la sesión de apertura del sexagésimo octavo congreso de la IFLA (Glasgow, 2002). Como no hemos sido capaces de hallar traducción española, aportamos una propia, de seguro pedestre y cuajada de errores (se agradecerán enmiendas -incluimos el poema original-). Podéis rastrear también notas aclaratorias a los versos.

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LA BIENVENIDA

Una fanfarria por los bibliotecarios, en verso-
Sin notas sin valor, ya florida o escueta-
Es lo que el poeta se compromete a entregar,
El alistador-de-palabras, el dador-de-ritmos.
Los libros han venido, se han marchado y han vuelto de nuevo,
Aunque algunos se escriban con una pluma virtual.
Conservad vuestros elzeviros, pero anotad también los títulos del catálogo de Pantagruel:
La gaita de los prelados, El padrenuestro del simio,
O cualquier otro monstruo de la lista.
Borges concibió la gran formación estrellada,
El universo, que no es sino una biblioteca.
Reunid y dominad sus infolios infinitos
Y podréis pensar que conocéis lo que nadie más conoce.
Lo queremos todo; el universo mismo
Se expande, ¡estanterías más allá de las estanterías que borbotean en el Hubble!
Estrellas que revientan -de información- -de acceso- al alcance de la mano
Estamos en el límite mismo de una estación espacial
En la que la ignorancia no es dichosa, sino drástica,
En la que las curvas de aprendizaje aprenderán a ser elásticas,
En la que debemos buscar, encontrar y utilizar las cosas
Que nuestro motor de búsqueda -¡Oh, tened paciencia!- nos trae.
Digitalizad un Libro de horas iluminado,
No es lo mismo, pero ahí esta, es nuestro,
Y los tiempos muertos hace tanto reviven y nos observan
Mientras interrogamos sus cálculos.
Páginas, cintas, discos o medios desconocidos
Reposan en espera por doquiera una luz se arroje,
Para extender esa luz y que así todos vean
E ingresen paso a paso en la inmensidad.

En Glasgow, Londres, Europa, en todas partes-
Las palabras del poeta pueden desvanecerse en el aire
Pero son palabras de bienvenida. Que vuestros congresos
Florezcan reforzados con los saludos del bueno y viejo Mungo.
Quizá os escucha, mientras ronca a orillas del Clyde,
Con el árbol, el pájaro, el pez y la campana a su lado.
Bueno, podéis hallar su historia en un libro,
En una biblioteca, si sabéis dónde mirar.
De la celda de Mungo al ciberespacio, la realidad
Es un tango de hipertextualidad.
Que tengáis un hermoso baile esta semana, que liberéis
Vuestros tesoros-de-palabras, que traigáis vuestros corazones y vuestro surtido
De todo lo que una biblioteca es capaz de obrar.


Edwin Morgan (trad. provisional de Bibliotecosas)

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THE WELCOME

A fanfare for librarians, in verse -
With no bum notes, whether florid or terse -
That's what the poet engages to deliver,
The word-enroller and the rhythm-giver.
Books have come and gone and come again,
Though some are written by a virtual pen.
Guard your Elzevirs, but also log Titles from Pantagruel's catalogue:
The Bagpipe of the Prelates, The Ape's Paternoster,
Or any other monster from the roster.
Borges thought the great starry array,
The universe, was but a library.
Muster and master its infinite folios
And you could think you knew what no one knows.
We want it all; the universe itself
Expands, shelf beyond Hubble-bubbling shelf!
Starbursts of outreach - access - information -
We're on the very edge of a space station
Where ignorance will not be bliss but drastic,
Where learning curves must learn to be elastic,
Where we must search, and find, and use the things
That our search engine - oh, be patient! - brings.
Digitize a gilded Book of Hours,
It's not the same, but there it is, it's ours,
And long dead times revive and look at us
As we interrogate their calculus.
Page or tape or disk or means unknown
Lie in wait wherever light is thrown,
To spread that light for everyone to see
And step by step enter immensity.

Glasgow, London, Europe, everywhere -
The poet's words may vanish into air
But they are words of welcome. May your meetings
Flourish braced by good old Mungo's greetings.
Perhaps he hears you, snoring by the Clyde,
With tree and bird, fish and bell at his side.
Well, you may find his story in a book,
In a library, if you know where to look.
From Mungo's cell to cyberspace, reality
Is a tango of intertextuality.
Have a fine dance with it this week, unlock
Your word-hoards, take heart and take stock
Of everything a library can do


Edwin Morgan
14/11/2004 20:30 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

13/11/2004

...de bibliotecas es el coco andante...

Hoy toca soneto (a mí me gustan, a BiDo le gustan... así que seguimos haciendo acopio): otro recalcitrante de Estébanez a Gallardo (esto ya va a ser inquina). Un Adolfo de Castro lo insertó como propio en un folleto burlesco, pretendida biografía de Bartolomé José Gallardo, pero Alborg no duda en la atribución a Estébanez Calderón. De Alborg lo recoge también Francisco Mendoza Díaz-Maroto en su La pasión por los libros: un acercamiento a la bibliofilia.

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Traga-infolios, engulle-librerías,
desvalija-papelas, mariscante,
pescador, ratonzuelo, mareante,
Barbarroja y Dragut de nuestros días.

Más vejete que el viejo Matatías
murcia-murciando va mundo adelante,
de bibliotecas es el coco andante,
capeador, incansable en correrías.

Harto de hormiguear a troche y moche
y de hundir lo que birla desde mozo
en su cueva, insondable cual abismo,

En sueños se levanta a media noche,
coge sus libros y los echa al pozo,
y por garfiar, garfiña hasta a sí mismo.


Serafín Estébanez Calderón

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ALBORG, J. L. El romanticismo. Historia de la literatura española. Madrid: Gredos, 1980. ISBN: 84-249-3146-7. 934 p.

09/11/2004

cortázar, el hombre irrazonable y los libros que matan...

Posteado originalmente en la excitante miscelánea El hombre irrazonable.

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En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

[...]

Julio Cortázar. Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo

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07/11/2004

...Salvador Novo ante una biblioteca...

BIBLIOTECA

Estos hombres, ¿pusieron lo mejor de sí mismos
en el papel?
Envueltos en silencio; alejados del mundo,
incapaces de hacerlo con azada ni espada,
empuñaron la pluma.
Era su forma resignada
de llenar el minuto vacío de sus vidas;
de sangrar las palabras atadas en su lengua;
de mirarse sin asco en el espejo
que su tinta opacaba;
desesperado intento de perdurar, clavados
cadáveres de insectos;
de no sentirse inútiles ni solos
una tarde, una noche, una hora como ésta;
de aguardar, de entregarse, de florecer sin fruto;
de confiar el fracaso de su muerte
al azar de otra vida
que en soledad, tendiera ¡alguna vez!
las manos y los ojos
a sorber su veneno y a entregarles el suyo.


Salvador Novo
07/11/2004 10:16 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

...de los bibliotecarios...

DE LOS BIBLIOTECARIOS

Se trata de una misión nada fácil:
han nacido para explorar los anaqueles de cenizas y montañas de palabras
estallan entre infolios en las zonas más hondas de sus catálogos
Cada hombre, dicen ellos, tiene sus paraísos en estas historias
Consagradas al olvido del diluvio y ven caer la penumbra
desde las altas mariposas de la tarde
Eligen otras materias que clasifican sus memorias y ven la mente del hombre
de las cavernas y la mente del hombre de Dresde, de Xólotl,
y la mente de los hombres de la Catedral Sumergida y la mente
de los hombres de la bomba atómica, el hongo y el Cangrejo y Dallas
en un solo catálogo manifiesto
Las letras entonces comienzan a danzar ante sus ojos y la
imaginación
se agranda hasta el infinito círculo de los planetas para destruir
el sueño de las computadoras tristes
Ahora verán lo que pasa:
una misión nada fácil nace de sus dedos de exploradores
los infolios estallan en las zonas de cenizas y recogen
palabras como mariposas secas en la honda fronda de sus anaqueles
Cada paraíso, dicen, tiene sus bibliotecarios consagrados al olvido
de la penumbra y las materias de arroz pulimentado se consagran
al catálogo de las clasificaciones y recorren la mente del hombre
en submarinos, en bombas atómicas, en tortugas planetarias,
en velocípedos, en canoas indígenas, cuando los códigos lunares
destruyen los sueños de las bibliotecarias solteras
y la imaginación se agranda hasta París, en la danza
que las letras tejen entre sus ocios.

Alfredo Veiravé

...en donde se percibe "el añejo tufo de los libros"...

CARTA A UNA LIBRERÍA DE VIEJO

Desde los anaqueles silenciosos
y las mesas contritas de carcoma,
surge el añejo tufo de los libros.
Dormida mariposa

desahucia entre unos versos de Musset
la tisis del amor. Otras evocan
algún recuerdo familiar,
la tibia lumbre y la gatuna alfombra.

Quién que no es modera la impudicia
y en consentida ronda
desaliña los tomos con novelas
o versos de antológica prosodia.

El ojo visitante,
entre polvillo y carraspeo, boga
en cajoneras. Remos son las manos
en mares de tratados y de notas.

Con un fingido afecto que enternece,
ajenos a antinomias,
intercambian librero y erudito
vetustos manuscritos que valoran.

Lo que duele como un estiletazo
es descubrir esa dedicatoria,
en la primera página,
de puño y letra del autor, la loa

a la amistad franca y sencilla
que, irrespetuoso, el heredero viola
y olvida entre digestos y revistas
o vende cual bicoca.

Me gusta releerte palmo a palmo,
inventarme en un párrafo, una estrofa,
conversar con las artes
y las letras, metido en tu mazmorra.

Librería de viejo: las señales
del hombre con su forja.
Los pasos demorados y la pausa.
¿No mereces, amiga, ni una copla?


Luis Ricardo Furlan. Mundo de papel y tinta (poemas)

06/11/2004

...en donde se descubre que el tema de los libros que nos acompañan a una isla desierta es bien antiguo...

...En su bondad, sabiendo
cuánto amaba yo mis libros, me surtió
de volúmenes de mi propia biblioteca
que yo estimaba en más que mi ducado.
...


William Shakespeare. La tempestad
06/11/2004 03:39 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

03/11/2004

...en donde se narran las andanzas y desandanzas de una cita de T. S. Eliot...

Etapas de un proceso de banalización:

Paso 1: los dos versos de marras (vid. Infra) se convierten en lugar común entre ponentes, articulistas y conferenciantes sobre gestión de la información, del conocimiento y temas afines.

Paso 2: citada muchas veces de memoria, nuestra cita se va “acomodando” al sentido que cada postulante quiere darle. Alguien descubre que con mudar un par de signos de puntuación, el sentido se modifica sustancialmente, ajustándose mucho mejor a su intención: es así como, por arte de birlibirloque, los versos
“Where is the wisdom we have lost in knowledge?
Where is the knowledge we have lost in information?”

quedan mistificados como
“Where is the wisdom? - Lost in knowledge
Where is the knowledge? - Lost in information”

desde luego de estilo más sentencioso y “publicitario”, un slogan, vamos, y como tal se emplea en un cartel que anuncia la creación de un nuevo Centro de Información.

Paso 3: un ingenio anónimo, concluyendo con razón que a este silogismo le falta un término, añade un colofón a modo de graffiti al cartel:
“Where is the information? – Lost in the library!”

Paso 4: esta divertida y subvertida versión, que para cualquier bibliobitacorista posee un evidente valor añadido, es la que recoge con acierto Catuxa como frase de la semana. Y parece que está empezando a difundirse, pero errando la atribución (más bien ignorando la cuando menos curiosa transmisión textual/hipertextual).

Paso... de que haya más pasos. En fin, que aquí va nuestra enmienda: el incipit del poema “La roca” (1934) de T. S. Eliot en su versión original y con su traducción castellana a cargo de un bibliotecario (ah, justicia poética :O))

Opening Stanza of T. S. Eliot's Choruses from the Rock

The Eagle soars in the summit of Heaven,
The Hunter with his dogs pursues his circuit.
O perpetual revolution of configured stars,
O perpetual recurrence of determined seasons,
O world of spring and autumn, birth and dying
The endless cycle of idea and action,
Endless invention, endless experiment,
Brings knowledge of motion, but not of stillness;
Knowledge of speech, but not of silence;
Knowledge of words, and ignorance of the Word.
All our knowledge brings us nearer to our ignorance,
All our ignorance brings us nearer to death,
But nearness to death no nearer to GOD.
Where is the Life we have lost in living?
Where is the wisdom we have lost in knowledge?
Where is the knowledge we have lost in information?
The cycles of Heaven in twenty centuries
Bring us farther from GOD and nearer to the Dust.


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Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
el cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
conocimiento del habla, pero no del silencio;
conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca nuestra ignorancia,
toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
pero la cercanía a la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.


T. S. Eliot (1934)
Traducción de Jorge Luis Borges (1937)

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mmm... ¿paso 5?

...en donde Perec sufre de vértigos decimales...

Las clasificaciones

Hay un vértigo taxonómico. Yo lo siento cada vez que mis ojos ven un índice de la Clasificación Decimal Universal (C. D. U.). No sé por qué sucesión de milagros hemos llegado, en casi todo el mundo, a convenir que:
668.184.2.099
designaría el acabado del jabón de tocador y
629.1.018-465
las alarmas para vehículos sanitarios, mientras que:
621.3.027.23
621.436:382
616.24-002.5-084
796.54
913.15
designan respectivamente las tensiones que no sobrepasan los 50 voltios, el comercio exterior de los motores Diesel, la profilaxis de la tuberculosis, el camping y la geografía antigua de la China y del Japón.


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PEREC, Georges. Pensar/Clasificar. Barcelona: Gedisa, 1986. 128 p. ISBN: 84-7432-255-3

21/10/2004

de Estébanez Calderón a Gallardo: otro soneto bibliotecoso al canto

Este es conocidillo. Serafín Estébanez Calderón se lo dedica (más bien diríamos se lo perpetra) nada menos que a Bartolomé José Gallardo, bibliófilo, bibliógrafo y bibliotecario de la Biblioteca de Las Cortes (y eterno aspirante a la dirección de la Nacional). Cuenta la leyenda (negra) que Gallardo solía sentarse en la Biblioteca Nacional al lado de una ventana que daba al patio, por la que arrojaba los libros que le interesaban (en el patio había colocado previamente a un fámulo que le iba recogiendo la cosecha). Rodríguez Moñino no da crédito a la anécdota (aunque si non e vero, e ben trobato), como tampoco José Fernández Sánchez en su Historia de la bibliografía en España, que es la obra de la que compilo la cita. En cualquier caso, el soneto merece citarse por su mezcla de humor ácido y mal café:

Caco, cuco, faquín, biblio-pirata,
tenaza de los libros, chuzo, púa:
de papeles, aparte lo ganzúa,
hurón, carcoma, polilleja, rata.

Uñilargo, garduño, garrapata,
para sacar los libros cabría grúa,
Argel de bibliotecas, gran falúa,
armada en corso, haciendo cala y cata.

Empapas un archivo en la bragueta,
un Simancas te cabe en el bolsillo,
te pones por corbata una maleta.

Juegas del dos, del cinco y por tresillo:
y al fin te beberás como una sopa,
llenas de libros, África y Europa.


Serafín Estébanez Calderón

FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, José. Historia de la bibliografía en España. Madrid: Compañía literaria, 1994. ISBN: 84-8213-006-4. 299 p.

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Habemus otro soneto más del mismo tenor: si gusta éste le dedicaremos otro post.
Respecto a Gallardo, aquí se puede descargar gratuitamente su Diccionario crítico burlesco.

20/10/2004

El nuevo perfil del bibliotecario o En donde se demuestra que Yavannna tiene para dar y tomar...

por Yavannna (tres enes, conste)

Iulius me oferta la posibilidad de escribir un post para Bibliotecosas, así que aprovecharé la coyuntura y seré rauda y
veloz. Espero os guste.

Recientemente termino de leer La hermandad de la Sábana Santa; en dicho libro, cuyos protagonistas son del
Departamento del Arte (algo así como el CSI de obras artísticas) se hacen varias referencias al papel del bibliotecario, archivero y documentalista.

Sin ir más lejos el nombrado Departamento cuenta entre sus filas con una eficaz documentalista (con escasa aparición en la historia pero varios comentarios de otros protagonistas sobre su eficacia)

No obstante, el papel que más llamó mi atención fue el de un archivero, cuyo perfil se desmarca sobremanera de aquel al que tanto nos tienen acostumbrados. El susodicho archivero es toda una emiencia en búsquedas de información, lenguas y saberes en general, pero su imagen deja de ser la arquetípica para convertirse en un joven con piercing.

¿Será éste el nuevo prototipo del profesional de la información? ¿Cambiaremos a "la vieja" con moño y gafas por este nuevo perfil?

Os dejo con la descripción del susodicho archivero y ya me contaréis qué os parece:

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"El encargado del archivo municipal de Troyes era un joven con piercings en la nariz y tres pendientes en cada oreja que le confesó que se aburría como una ostra en ese trabajo, pero que al fin y al cabo había tenido suerte de encontrarlo puesto que era bibliotecario.

Ana le contó lo que buscaba, y Jean -que así se llamaba- se ofreció para ayudarla en la investigación.

- Así que cree que el visitado del Temple en Normandía era un antepasado de nuestro Geoffroy de Charny. Pero los apellidos no son los mismos.
- Ya, pero puede ser una variación de la grafía del apellido, no sería la primera vez que a un apellido se le cae o se le añade una letra.
- Desde luego, desde luego. Bien, esto no va a ser facil, así que se me echa una mano veremos qué encontramos.

Primero buscaron en los archivos informatizados, luego iniciaron la búsqueda entre los viejos legajos aún sin informatizar. Ana se maravillaba de la inteligencia de Jean. Además de bibliotecario era licenciado en filología francesa, así que el francés antiguo no tenía secretos para él.

- He encontrado una relación de todos los bautizados en la colegiata de Lirey. Es un documento del siglo XIX en el que un estudioso local decidió rescatar la memoria de su pueblo y se entretuvo en copiar los archivos eclesiásticos. Veremos si hay algo ..."


Navarro, Julia. La hermandad de la sábana Santa

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P.S. de Iulius: el título alternativo es mío: entre los múltiples pecados de Yavanna ;O) no está el orgullo.

09/10/2004

en donde juaristi ensoneta a martín abad...

Soneto bibliotecoso al canto: de Jon Juaristi a Julián Martín Abad. No creo que ninguno de los dos necesite presentación, aunque el ripio de marras se pronunció en la presentación de una conferencia celebrada el pasado 6 de mayo en el foro complutense.

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Debió ser secretario de un Habsburgo
O poner pica en Flandes. Sin embargo,
Podemos alegar en su descargo
Que en tardo siglo lo forjó el Demiurgo.
Con la ley más estricto que Licurgo,
Colérico quizás -pero no amargo-,
Pastor de libros fue por tiempo largo
(que no de los carneros de Panurgo).
Apacentó los arduos manuscritos
En las majadas de los Recoletos
Y ordenó sus rebaños incompletos
Separando corderos de cabritos.
La Fama hace su nombre necesario:
Julián Martín Abad, Bibliotecario.


Jon Juaristi

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Estrambote bibliotecoso:
Me encanta ese final tan lapidario:
"Julián Martín Abad, Bibliotecario" :O)
09/10/2004 11:35 Enlace permanente. Tema: bibliotecas en la literatura No hay comentarios. Comentar.

06/10/2004