


Mmm... última oportunidad para don Julio: si bien el relato anterior tuvo un par de comentarios elogiosos, no puede decirse que alcanzara a cosechar una acogida entusiasta; Julito, en realidad te aprecio (tú lo sabes), pero igual deberías tratar de repartir tus esfuerzos en otras bibliobitácoras (a ver si le salen novias, que me monopoliza el blog)...
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De los papeles del archivero de Dorilagua (II)
Es lo usual que las ediciones modernas de las obras más celebradas de los antiguos incorporen, más cuanto más cuidadas se pretenden, introducciones, prólogos, un sinnúmero de llamadas a pie de página, una biografía del autor, un ensayo histórico sobre la época que enmarcó su trayectoria, etc."Mi humilde labor de escritor entregado a combatir la superstición que impera en la conciencia de las gentes me ha granjeado múltiples antipatías e incluso el odio de aquellos cuyos zafios trucos he venido revelando, pero ninguno acerbo hasta donde el de Urdiágalo, el más falaz entre los augures que han hecho de la credulidad su negocio.
Hace ya veinte años que hice público cómo deslicé, entre las consultas escritas que eran recogidas por sus sirvientes a cambio de dinero, la mía propia, y cuál fue entonces la respuesta de su oráculo. “¿Cuándo se descubrirán las supercherías de Urdiágalo?” fue mi pregunta. Creo recordar que el mensaje que recibí a cambio al día siguiente mencionaba que desconfiara, pues alguien me malquería, las fases de la luna y que vigilara más estrechamente mi salud.
La ira que provocó mi treta en Urdiágalo ocasionó nuestro único encuentro hasta hoy. Probablemente aún alguno guarde memoria de cómo me salió al paso en la plaza y del contenido de su original imprecación: Sostuvo entonces el adivino la existencia, para cada escriba, de unas palabras destinadas a ser las últimas que éste trace; las próximas que yo pronunciara, aseguró a gritos, serían aquéllas, las palabras de mi muerte.
Por mi parte, sólo di en respuesta un “se equivoca” antes de volver la espalda y abrirme paso entre la multitud cuya atención había reclamado el falso profeta. Aún escuché sin detenerme de voz del susodicho la fecha de mi muerte, premonición lanzada en el cenit de su cólera.
Referido lo anterior, nada me complace más que datar mi actual escrito: en breves instantes escucharé las campanas que marcan el final del día prescrito para mi deceso dos décadas atrás. Me alegra pensar que mañana daré a conocer este texto que viene a demostrar que, una vez más como tantas antes, nuestro insigne adivino se equivo"
Julio Igualador
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Autor: Yavannna
Fecha: 25/11/2005 16:42.
Autor: Ferran
Fecha: 26/11/2005 11:32.
Autor: julio igualador
Fecha: 28/11/2005 13:06.
Autor: Iulius
Fecha: 28/11/2005 13:10.
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